Con su humor particular Wilder juega con dos arquetipos antagónicos del imaginario masculino: la esposa y la puta.
Una comedia con ritmo frenético, actuaciones casi coreográficas y chistes coyunturales. Wilder se mofa de la rigidez de los rusos y la ambición maniática de los gringos, pero los primeros salen peor parados.