Parodia inteligente, ya era hora, sin la chabacana, soez y torticera costumbre americana de insultar al espectador con las escasas exigencias artísticas. Y grandes comerciales, claro.
Arma Fatal debería ser la típica película que deberían recetar los psicólogos a los pacientes aquejados de depresión, porque tras dos horas de carcajadas, ¿a quién no se le alegra el ánimo y el espíritu?