El declive
A partir de entonces, el cine quinqui cayó en picado con producciones prescindibles como Yo, el Vaquilla o Perras callejeras (1985), hasta que en 1987 se estrenaron dos joyas del cine español, dos películas inmortales que revitalizaron el género y lo impregnaron de un halo de diversidad y posibilidades desconocido hasta ese momento. Por un lado, La estanquera de Vallecas, de Eloy de la Iglesia, nos enseñó que también la comedia tenía cabida en las películas de jóvenes delincuentes y será recordada por la inolvidable pareja compuesta por José Luis Gómez y José Luis Manzano que firmaría su última película antes de morir en febrero de 1992 en un piso ocupado por el propio de la Iglesia. Por otro, El Lute: Camina o revienta, del célebre e irregular Vicente Aranda, sacó al quinqui de los barrios marginales de las grandes ciudades y lo echa al monte para contar la famosa fuga de Eleuterio Sánchez, enemigo público número uno y héroe romántico con formidables interpretaciones a cargo de Imanol Arias y Victoria Abril que les reportaron sendas Conchas de Plata en el festival de San Sebastián. La segunda parte, El Lute 2: Mañana seré libre (1988), no está a la altura, pero es un digno cierre.
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