¿Los nuevos quinquilleros?
Y hasta aquí el cine quinqui como tal, el coetáneo de la propia miseria de los suburbios, el verdadero, la esencia de la miseria de sus protagonistas, quinquis casi todos, tanto delante como detrás de las cámaras. Hay más vestigios antes, durante y después de los años ochenta, pero hablar de ellos ya es hablar de otro cine. Cada década ha tenido sus homenajes, su cine de inspiración quinqui, ambientado de nuevo en los años setenta, Volando voy (Miguel Albaladejo, 2006), en los noventa: Barrio (Fernando León de Aranoa, 1998), en los dos mil: 7 vírgenes (Alberto Rodríguez, 2005) o en los dos mil diez: Criando Ratas (Carlos Salado, 2016), pero no dejan de ser eso, culto, respeto, celebración y homenaje a un cine verdadero, legítimo, ingenuo y sincero, el cine quinqui, el de los mercheros, los quincalleros, el de los inmortales quinquis.
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