Narrada con brillantez, con grandes planos generales en las escenas dramáticas, donde los personajes quedan lejanos, apartados a un lado, adquiriendo un valor dramático al destacar más su soledad.
Una comedia con ritmo frenético, actuaciones casi coreográficas y chistes coyunturales. Wilder se mofa de la rigidez de los rusos y la ambición maniática de los gringos, pero los primeros salen peor parados.