De nuevo tenemos a Gibson contándo en pantalla una historia de redención, la verdad es que no entiendo a este hombre, esa manía de hacer las películas en idiomas que no hay quien entienda, pero en fin, el queda bien, y nosotros nos las vemos y deseamos para entender algo en pantalla, benditos subtítulos.
Hay que agradecerle por lo menos una fotografía perfecta, llena de paisajes preciosos, y una historia simple, demasiado para mi gusto, cargada nuevamente, de momentos emotivos (como en su anterior película) que dificilmente podemos borrar de nuestra retina, un argumento lineal, que aboga por la acción, la aventura y el espectáculo.
Más de una polémica a avivado la dureza de sus imágenes, algunas cámara en mano para darle un aire de realidad documental, acompañada de una banda sonora plaga de ritmos aztecas (ese sonido de tubo sonando una y otra vez).
No quería terminar sin destacar el parecido del protagonista con cierta estrella brasileña del Barça. En fin, esperaba menos y he visto algo más, no sé, no decepciona y cumple, no se puede decir más.