Los hijos de AmĂ©rica son, en cualquier caso, los protagonistas de Las Colinas tienen Ojos; ya no por la familia de mutantes que sobrevive en el desierto, cuya importancia es deliberadamente diluida en el remake de Aja; sino más bien por la otra, la de clase media, que cruza ese mismo desierto por razones bien distintas y que es la que realmente parece interesar al realizador francĂ©s, y es que quizá la versiĂłn 2006 del clásico de Wes Craven evolucione de venganza canĂbal a spaghetti-western; con lo que esto conlleva: desierto, pistolas cargadas y duelos tan exagerados como, por suerte, gratuitamente salvajes.
Aja escupe sangre en un western en el que los protagonistas son personas comunes, que al igual que nosotros, han edificado su progreso sobre la indiferencia hacia los demás; al menos hasta que son asaltados en un claustrofĂłbico espacio abierto por el deforme rostro del horror: nuestro temor a la (a)normalidad. Terror que se resume magistralmente en el fotograma de un cadáver con la cabeza estacada por la bandera norteamericana, la misma que defienden los orgullosos demĂłcratas que protagonizan la cinta, pero que eso sĂ, no dudarán en sacar al retrĂłgrado republicano que llevan dentro en el preciso momento en que sientan que tienen que asegurar, sea como sea, la supervivencia de los suyos; crueldad incluida. Bien mirado, quizás no tan distintos de aquellos mutantes…