El viernes vi, por fin, Paradise Now, una pelĂcula que, sin ser una obra maestra, me parece lo suficientemente interesante como para merecer ser recomendada. Llevaba ya mucho tiempo oyendo hablar de ella, y una nominaciĂłn a los Oscar me parece un buen argumento a favor (en la categorĂa de pelĂcula extranjera, porque en las demás no uso a la Academia como referente de nada). La verdad es que, salvo un par de cosas, me gustĂł bastante.
La historia trata de dos jĂłvenes palestinos que son elegidos para llevar a cabo un atentado suicida. Punto. No contarĂ© más. El caso es que siempre oĂmos hablar de estas cosas en las noticias y creo que no llegamos a hacernos a la idea de que lo que hay detrás de estos actos son personas, personas como cualquiera de nosotros, con sus miedos, sus preocupaciones y sus sueños. Paradise Now consigue que lleguemos a ver a los protagonistas como gente real, que duda y que reflexiona; y, aunque no estemos de acuerdo con ellos, podemos llegar a entender sus porquĂ©s. Es tan difĂcil ver que lo que hay detrás de las noticias internacionales no es una especie de “masa indefinida”… La pelĂcula consigue que nos demos cuenta de que, en realidad, no somos tan distintos, que todos sufrimos y todos queremos (¡y uno de los protagonistas usa exactamente el mismo cepillo de dientes que yo!).
Por desgracia, tuve que verla doblada, y resultĂł de lo más extraño escuchar a palestinos con la misma voz que actores norteamericanos. En su contra se puede decir que podrĂa profundizar un poco más en otros personajes que ofrecen visiones diferentes del mismo conflicto, y que el ritmo falla un poco. En un momento crucial, la pelĂcula comienza a ser algo lenta y aburrida, cuando precisamente deberĂa transmitir las emociones más intensas.
De todas formas, se agradece la oportunidad de ver algo asĂ, que toca un tema tan delicado con sensibilidad y que consigue que lo veamos de una manera diferente. Una escena para recordar: uno de los dos protagonistas está grabando uno de esos vĂdeos reivindicativos de los atentados suicidas, y recuerda comentarle a su madre dĂłnde tiene que comprar el filtro para el agua. Dulce, absurdo y trágico al mismo tiempo. Id a verla. Merece la pena.