Red social cinematografica
🎬 Moscow Zero

Moscow Zero

25 de mayo de 2007
Opinion
👍 Lo mejor
Una de las peores experiencias sentado en una butaca, aunque sea en mi casa, que este escribiente apasionado del cine ha tenido en su vida. De todo tiene que haber. Me tengo que dar una ducha de buen cine para quitarme de la memoria el mal rato que me he autoinflingido.
👎 Lo peor
¿ Diré que todo ? p.d.: Víctor Trujillo, alma de esta página, tendría que añadir a las valoraciones que propone ( pésima, regular, buena... ) la de asquerosamente pésima o la de vomitiva o la de no la vea, por favor, no la vea, hágame caso, no la vea En fin, o algo que a él se le ocurra. Que tome nota.

Criticas (2)

19 de abril de 2007
Critica

Cortada y confitada para exclusivo uso de jóvenes ávidos de emociones paranormales y adultos despistados, Moscú zero no convence a nadie. Es un aberrante ejercicio de degradación del cine como arte, un cutre-show de aspiraciones porque Val Kilmer, Vincet Gallo y algún que otro divo ya en cierre dan en participar. Cuenta la historia de un antropólogo perdido en el infierno del subsuelo moscovita.

Y el infierno era la sala de cine, queridos lectores: el dolor en la silla, la sensación de que el tiempo, esa joya tan preciosa, se escurría, y las ganas enormes de que los 90 minutos concluyan precipitadamente o que el proyectista tenga un subidón de amor propio y, faltando a sus principios deontológicos, desenchufe la máquina y salga al pasillo y honradamente devuelva los euros a los espectadores. Luego se agradecerán. Y no escribe más porque de cuando en cuando apetece escribir veinte líneas en lugar del habitual desparrame semántico que tanto agrado me produce y al que aboco inevitablemente mi natural cinefilia. Mucho es esto. Poco se merece. Nada. Silencio. No tendría que haber escrito esta reseña. No tendría que haberme tragado metraje tan bochornoso. Hecho está. Aviso regalado.

25 de mayo de 2007
Critica

Debe de haber un programa tipo Cripta 2.0 que genere argumentos tipo Moscú Zero. No me cabe duda después de haber naufragado mi ocio en esta insoportable demostración de que el cine también puede una fábrica de timos.

El lamentable y risible guignol de catacumbas, sombras que se desplazan, versículos de la Biblia y fantasmas prepúberes no consigue rescatarnos de la impresión de estar asistiendo a algo penoso, absolutamente patético. Una de esas raras veces en las que uno desea tener el valor como para darle al stop del reproductor ( en este caso el amado Windows media 10 ). Como no lo he tenido, he aguantado como un valiente este desatino de túneles infinitos y seres marginales que viven, es un decir, ajenos a la rutina diaria de los mortales, esto es, hacer la compra, tender la ropa, ir con los niños al colegio, pasear por los parques, tomar café con los amigos o emocionarse con una melodía de Joni Mitchell, pongo por caso. Quizá lo que suceda es que estamos hartos de esta ya agotada moda de recurrir al abastecido almacén de la religión, del infierno y de la salvación por la oración.

Ni siquiera Val Kilmer, que debería estar echando tripa en su mansión californiana en lugar de pasar fría en estos apaños europeos, consigue aupar el conjunto a un nivel digno. O Vincent Gallo, otro actor de campanillas que se estrella en una trama simplona, reducida a un soporífero salvamento subterráneo entre niños de principios de siglo y bochornosas teorías sobre el infierno y el azufre de los malvados.

Ya la voz en off del ortodoxo arranque, una vista de la monumentalidad de las iglesias rusas, un aviso de que todo va a girar alrededor de sus misterios y de su embrujo, pone en jaque al espectador escéptico: quien habla, relata cómo el inframundo se ha abierto a causa de los pecados del ser humano. Que Dios y el Diablo se tocan: que bla bla bla a lo Dan Brown, que debería pedir derechos de autor por el extramadamente rico filón que han abierto sus sombras y arcángeles, su buceo interesado en los mitos de la Cristiandad. Antropólogos, sacerdotes, mercenarios conforman la fauna absurda de este cuento tonto que únicamente contentará al público insulso que no se para, ni falta que le hace, en el fondo, a pensar qué bazofia le está inoculando via óptica.

No sé si esta Luna va a continuar en el negocio del cine por muchos años o si nos hará cambiar de opinión cuando acometa un proyecto de mayor fortuna. Tal vez. Mientras, cero.