Disturbia, que se estrenó en nuestro país el pasado viernes, es construída en la base del mítico filme de Hitchcock. Alguien que es obligado a quedarse en un lugar y comienza a espiar a la gente. Aquí, James Stewart es sustituído por el omnipresente Shia LaBeouf, un adolescente problemático que, debido a un señor fostión que le pega a su profesor de italiano (español en la versión original), le condenan a estar bajo arresto domicilario.
El problema de Disturbia es que no ofrece ni aporta prácticamente nada nuevo al género, porque hasta que la cosa no se pone mínimamente seria, la película resulta ser una tipica, forzada ("Te iba a condenar a un año de reformatorio, pero como sé lo que es perder a un padre, y me das pena, pues hala, un mes de arresto domicilario" ¿¿¿¡¡¡!!!???) y topiquísima película teenager de las de toda la vida. De las previsibles, y de las que tienen fallos de guión gordos (atentos a una cagada MONUMENTAL, relacionada con el personaje de la madre del prota -interpretada por Carrie-Anne Moss; ¿recordáis a Trinity de Matrix?-, cuando empieza el clímax final). Un Hitchcock reciclado (y edulcorado) para teenagers.
Le salva por poco de la quema el que sea entretenida, ese clímax final taquicárdico y bastante conseguido a juzgar por los tiempos que corren, y un Shia LaBeouf majísimo que vuelve a clavar su papel.