Empecemos por el principio (¿por dónde si no?).
El director (Desmond Davis) realiza una labor… MALA. Haciendo que los momentos en los que no aparece la mano de Harryhausen la película pierda fuelle de una manera increíble. Gracias a Dios, los efectos especiales están muy presentes en la cinta, haciendo que los “daños” provocados por el director pasen desapercibidos.
En cuanto al guión, es más que obvio que se ha escrito para que Harryhausen se luzca (y de qué manera, todo sea dicho), haciendo que el (prácticamente único) punto fuerte de la película sean los efectos especiales.
Harry Hamlin, en su papel de Perseo está, francamente, para llevarlo a un campo de concentración. Y es que el hombre es soso e inexpresivo como un pedrusco. Un desastre, más si contamos con que es el protagonista.
Los únicos que deslumbran con luz propia son Maggie Smith y Laurence Olivier, geniales en sus papeles de Dioses y Burgess Meredith, perfecto en su papel de viejo guía.
El resto del elenco está bastante bien, aunque no destaca ninguno especialmente. De hecho, todos parecen muy buenos al lado de Harry Hamlin.
Los efectos especiales, como vengo diciendo desde el principio, son impresionantes. Atención al magnífico Pegaso, a la medusa, al kraken (quizá el único más “sin gracia”), el cuervo/pavo gigante, a las arpías… La magnífica labor de Ray Harryhausen será sin duda recordada por esta película y por muchas otras. Pero esta, sin duda, supone el lucimiento del cineasta hasta niveles… TITÁNICOS.