Nunca me han gustado las películas en "imagen real" de Disney, tal vez, salvo excepciones como "Mary Poppins", "Mi amigo el fantásma" o las de "Herbie" siempre me he aburrido como una ostra, ante el otro lado de la luna del ratón Mickey, asi que cuando el Viernes pasado, mi esposa se puso a ver esta película, yo, revolcado en el sofá, fruto de una gastronteritis, lo único que hice fue cambiarme levemente de lado, escuchando, meditanto y casi contemplando, la última ida de olla de Disney; ya que estamos ante la típica cinta Teen, acompañada de una banda sonora facilona, que espera vender (y que venderá) discos y más discos, y donde los actores, chavalitos cortados por el mismo patrón de Justin Timberlake o Hillary Duff, llevan parte de la voz cantante (nunca mejor dicho) de la trama, calcada en ocasiones a Grease (a la que no llega ni a la suela de los zapatos), o a West Side Story (ejem…), y que pretende mantener a los chavales pegados a la pantalla.
En fin, no soy un experto en musicales, solo diré que no me gustó, que me aburrió sobremanera y que prefiero que me pique una abeja que tenerme que tragar esta clase de películas.