Un filme tristísimo donde el ZOMBIE es utilizado como una enfermedad terminal que acaba con la vida de su protagonista, cada minuto se siente el calvario gracias a un sobresaliente “GILES ASPEN” Aunque no pierda la oportunidad del GORE, todo es un segundo plano, importando el personaje principal, su drama personal y sus pensamientos.
Un filme innovador en el subgénero que incomprensiblemente no se le considera como lo mejor que el horror dio en los 90 y tal vez uno de los mejores filmes sobre el fenómeno ZOMBIE.
ANDREW PARKINSON y su actor protagonista merecieron más suerte. A reivindicar.