A través de los parajes vinícolas de California, asistimos a una road movie de insospechado destino. Inicialmente como un viaje de solteros cachondo y divertido, pasa a desembocar en una tragicomedia de segundas oportunidades, y el viaje de despedida de esa juventud ya perdida, poniendo especial énfasis a la verdadera amistad. En Entre copas, el director interpone a dos personajes completamente opuestos y a través del intercambio de ideas u opiniones consigue de una forma fluida y recurriendo al humor más irónico y a veces negro, cerrar una comedia agridulce de lo más agradable. Desde los primeros minutos, reconoces el fuerte magnetismo de la película, que sin darte apenas cuenta te va enganchando poco a poco y lo único que quieres es ver que va a ocurrir en la siguiente escena, y como la resolverán nuestros simpáticos protagonistas. El cuarteto de actores es fabuloso, sobresaliendo un estupendo Paul Giamatti como novelista fracasado y divorciado amante del buen vino Pinot, y que únicamente busca la elegancia y buen sabor de una buena botella de vino, en vez de la de una mujer. Luego tenemos a su opuesto amigo Thomas Haden Church, un actor a punto de casarse donde usará el viaje como último atisbo de libertad y simplemente se conforma con un barato Merlot en vaso de plástico. El dúo femenino lo completan la televisiva Sandra Oh (de Anatomía de Grey), como experta del buen vino, soltera e independiente que irá a parar a los brazos del actor.
Y por último, Virginia Madsen, una camarera divorciada e insegura de si misma que busca desesperadamente la atención de un hombre interesante. Alexander Payne, irónico y maestro observador del comportamiento humano, consigue lo que verdaderamente importa: algo tan sencillo y que siempre funciona como las historias y los personajes que los interpretan, y firma una obra sobre la amistad de dos hombres muy distintos y perdidos en sus respectivas vidas que sólo buscan un último golpe de suerte en la vida. Un excelente relato emocional donde busca en todo momento la complicidad del espectador y juega con ese sentido del humor que la mayor parte de las veces surge precisamente de cierta tragedia. Muy recomendable. Puntuación: 7,5 sobre 10.