Bastante estimable thriller, realizado de forma alegante por Martin McDonagh, y con elementos sutiles de comedia.
Contiene un bien perfilado estudio psicológico de los dos personajes principales y gracias a un medido e inteligente guión, a pesar de que los dos son asesinos, se nos tornan entrañables, sobre todo el correspondiente a un excelente Colin Farrell.
La acción va in-crescendo y sólo en la parte final asistimo a un recital de violencia, un tanto pasada de rosca quizá, pero atractiva y hasta consecuente con las peculiaridades de los personajes.
Esto último se puede comprobar en los surrealistas y chistosos diálogos, al estilo (los seguidores son legión) de Quentin Tarantino, aunque sin su brillantez.
El último tercio es quizá lo que menos bien ha quedado en el resultado final, un resultado de casi notable, gracias a la exquisitez en la puesta de escena de McDonagh, que logra interesarnos en todo momento por esta peculiar historia de perdedores con conciencia.