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🎬 Vampir-Cuadecuc

Vampir-Cuadecuc

26 de agosto de 2008
Opinion

Criticas (1)

26 de agosto de 2008
Critica

Según Portabella, la gran clave para hacer películas es tener un proyecto visualizado en la mente, y conocer el medio cinematográfico a la perfección. Y no sólo con las películas, con el arte en general, con todo. Vampir-Cuadecuc, su tercer largometraje, demuestra ser una de los ataques más polémicos, controvertidos y sorprendentes al convencionalismo de las últimas décadas. Teniendo en mente la vuelta de tuerca al género de terror, y también la intención de hacer una propia película de lo que en un principio parece ser un making of, el cineasta llega a la cumbre de la crítica con esta bellísima y deslumbrante muestra de puro cine anarquista. Un bombardeo lleno de guiños y sub-capas que es más intencionado de lo que parece. O quizás es demasiado profundo -sólo con fijarse en la última escena uno se da cuenta de lo bien que Portabella domina el lenguaje-. Ya desde un principio veremos un intencionado ataque por dos usos que rompen radicalmente con lo convencional: el blanco y negro -por supuesto, existía el color desde hacía muchos años- y la eliminación de los diálogos, basándose únicamente en sonidos grabados durante la grabación y la post-producción -Carles Santos y Portabella son los culpables de que no se sincronizen en todo momento con las imágenes. Un detalle tan polémico como atractivo-.

Vampir-Cuadecuc parece deambular entre la clásica estructura narrativa y la pura espontaneidad. Para mí, todo se decanta hacia lo segundo por varios motivos: su intención no deja de ser la de darle un giro de ciento ochenta grados a la narración; con Drácula como punto de mira, Pere Portabella le da un sentido al cine y una vuelta radical y, por ese motivo -el de la archiconocida historia del conde- se puede presenciar únicamente algo de continuidad en su trascurso. O más que continuidad, sabemos lo que ocurre en ciertos momentos sin necesidad de que nos lo cuenten con pelos y señales. Aunque, por supuesto, predominan intercalos entre las escenas donde vemos cómo se ruedan los planos del film de Jesús Franco, que, a la par de ser artísticamente preciosas y sugerentes -la niebla falsa que se va extendiendo a lo largo del bosque…-, proporcionan un ritmo único a esta vampirización cinematográfica. 

Una obra clave para entender las intenciones que Pere Portabella aún sigue manteniendo. Clave también por tratarse de algo tan inusual e innovador, teniendo en cuenta la época en qué se realizó. De todos modos, desde 1970 hasta ahora no se ha realizado ninguna crítica tan feroz y compleja como ésta al cine de usar y tirar, al cine reiterativo. Así pues, este Vampir-Cuadecuc es más moderno que cualquier superproducción que podamos ver en estos momentos. Algo diferente a una obra maestra.