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🎬 Por fin viuda

Un film que, sin dejar de apelar a fórmulas arcaicas, al menos posee un encanto propio, que en muchos momentos parece reposar en el rostro desencajado de la excelente Michèle Laroque, y en otros, en la mordacidad típica del mejor espíritu francés.

Por fin viuda
29 de diciembre de 2008
Opinion
👍 Lo mejor
Michèle Laroque se salva pese a todo
👎 Lo peor
La diferencia entre la Isabelle Mergault de Por Fin Viuda y la de Eres muy Guapo

Criticas (1)

29 de diciembre de 2008
Critica

Las comedias ácidas y carentes de estridencias constituyen un género propio del cine francés. Comedias que pintan como ninguna la burguesía francesa, con su hipocresía, sus miserias, y su necesidad de vivir en base a las apariencias. El mismo material que alimenta los dramas y las películas de suspenso del maestro Chabrol, tiene su “opuesto coincidente” en este tipo de comedias que se imponen como el estándar más exportable del cine galo. Aquí la comedia gira en torno a los equívocos que generan los intentos de escapes amorosos de una mujer en su familia, reunida para enterrar al marido recientemente fallecido y para contener a la aparentemente frágil viuda. De ese modo se establece una clara división entre Anne-Marie, su amante, y su familia. El tono romántico propio de los encuentros furtivos de la pareja, contrasta totalmente con el grotesco que establece la familia, con personajes subrayadísimos como el anciano padre del muerto y sus desvaríos, con los siempre habituales vecinos entrometidos, y particularmente, con el sobreactuado e insoportable hijo, que se pasa de la raya en su intento de contener a su madre. Afortunadamente, los rasgos de malicia de Anne-Marie resultan más que digeribles por la calidez y la empatía que despierta el personaje, quien no logra librarse fácilmente de su insufrible entorno, y en ese trayecto endeble entre dos tonos opuestos, la propuesta termina relegando el grotesco y definiéndose a favor del romance, con los temas “Il mio refugio”, de Richard Crocciante y “Et si tu n’existais pas”, de Joe Dassin, como preciosa banda sonora de esa dulce historia de amor. Al definirse, la película consigue salir de los múltiples convencionalismos, enriqueciendo a sus personajes, en un film que, sin dejar de apelar a fórmulas arcaicas, al menos posee un encanto propio, que en muchos momentos parece reposar en el rostro desencajado de la excelente Michèle Laroque, y en otros, en la mordacidad típica del mejor espíritu francés.