Hay algo extraño, como dice el título en esta película, pero no son sus moradores, ni sus vericuetos controlados y manipulados, ni siquiera la sensación de collage de todo cine de terror desde El Sexto Sentido hasta nuestros días. Es la sensación de que no encaja nada de lo que aparece en la pantalla con lo que los guionistas quieren contar.
Pongamos un ejemplo. La historia narra el retorno a casa de Anna, una chica con problemas que, tras un intento de suicidio tienen que volver a hacerse con su familia. Su enfermera, la misma que cuidaba a su madre ahora es la novieta de su padre y eso no le gusta nada, ni a ella ni a su hermana. Por eso cuando los “fantasmas” empiezan a señalarla como posible asesina Anna y su hermana empiezan a investigar. Hasta aquí todo es terriblemente mundano y tópico. Pero ¿Es inteligente poner a Elisabeth Banks como Mano que mece la cuna de este pastiche de terror? No. Es quizás el personaje más ajeno de toda la cinta aunque no el peor de ellos, sin duda.
Con cuatro sustos de manual, alguna aparición de miedo y un pretendido final sorpresa que crea más estupefacción que respuestas, la cinta trascurre con una cierta calma provocada por una factura decente pero no logra saltar la barrera de sus inconmensurables fallos de guión, sus piezas a medio encajar y su poca verosimilitud (si, aún tratándose de género fantástico).
El resultado solo satisfará a una nueva generación de niños tendentes al susto fácil con poca chicha.