Una mañana cualquiera, la muñeca hinchable de Hideo consigue un corazón y sentimientos y sale a la calle para darse de bruces con un contexto que la creó como una sustituta de placer. Los encuentros entre la muñeca y el mundo son brutales, convirtiendo al film en una sucesión de pequeños grandes momentos para un objeto que acaba de nacer como ser vivo, para lo bueno y para lo malo.
La manera en la que Nozomi va humanizándose con cada paso que da es un espectáculo de alta sensibilidad. Cada movimiento, reacción o gesto esta cuidado al mínimo detalle. La actriz surcoreana Bae Doona realiza un trabajo sublime, explorando más allá de la torpe coreografía robótica de un muñeco que imita a una persona pero sin llegar a pecar de ser totalmente humana.
No se corta el director Hirokazy Koreeda a la hora de mostrar y demostrar el óxido que provoca en la sociedad nipona la sociofobia y desconfianza hacia las otras personas. Pero cada persona vale, cada personaje cuenta y afecta tanto a la trama como al carácter en proceso de la muñeca hinchable. Su ingenuidad se pelea con el hambre de conocer la esencia humana, pero aporta algo en cada momento a esos seres que llevan toda la vida en un mundo en el que ella acaba de nacer.