Ver una de Pixar es ver calidad. Siempre. Sin excepción. Es ir al cine sabiendo que lo que pagues por la entrada lo recibirás en dosis de buen cine. Su última vuelta de tuerca llega con unos viejos conocidos, Woody, Buzz Lightyear y los demás muñecos de Toy Story, que ya va por la tercera entrega. ¿Dará más de sí? Podría. No es como Shrek, que bien podría haber terminado en la segunda parte (pongamos una tercera como mucho, por eso de las trilogías; pero cuatro me parece excesivo).
Ahora los muñecos se enfrentan a nuevos universos: Andy ya se ha hecho mayor y se enfrentan a un incierto y difícil futuro. La basura o el desván parecen los caminos más seguros para los juguetes, pero una tercera opción surge repentinamente: vivir una segunda vida en una guardería, donde siempre habrá niños para jugar con ellos. Todo parece fantástico, pero…
Desde el minuto uno hasta el final (no os levantéis del asiento hasta que haya pasado el primer tramo de las letras de crédito u os pillarán de pie algunas escenitas del final), toda la película está plagada de grandes momentos, guiños al pasado y al presente, a los mayores y a los pequeños, porque estas películas son para niños y, sobre todo, para adultos. Quedaos a escuchar y ver el baile al ritmo de Hay un amigo en mí cantado por los Gipsy Kings. Reiros con Ken y sus Deleitaos con cada momento de la película, y volved a dar gracias a Pixar por existir y por hacernos disfrutar tanto película tras película.