Es difícil, en el panorama de la animación cinematográfica, encontrar, en nuestras salas, animación de alta calidad más allá de las películas de los grandes estudios que son Pixar y DreamWorks -con permiso del Studio Ghibli-. Pero parece ser que los animadores españoles están empeñados en cambiar esta situación, tratando de llevar la animación patria a un nuevo nivel. Tras la sorpresa que supuso 'Chico y Rita' (Fernando Trueba y Javier Mariscal, 2010), nominada al Oscar de animación, llega 'Arrugas' (Ignacio Ferreras, 2011), un drama sobre la vejez y la amistad. Emilio es un hombre mayor cuyo hijo ya no puede hacerse cargo de él y decide ingresarlo en un geriátrico. En él conoce a Miguel, un argentino tramposo de humor incontenible y sagaz que está continuamente buscando la forma de sacar dinero a sus compañeros, y con el que traba cierta amistad. La vida transcurre entre clases de gimnasia, paseos bajo la lluvia y pastillas para la tos y la artritis. Pero algo más grande está a punto de sucederle a Emilio; algo contra lo que tendrá que luchar mientras intenta averiguar el sentido de hacerse mayor. Pero no hay sólo drama en esta gran película. La comedia y el humor aparecen constantemente mostrando como no todo son penurias en los últimos años de la vida. Cada uno de los integrantes del geriátrico presenta una personalidad distinta con la que disfrutar, y que acompañaran a Emilio hasta el cénit de su propia aventura. Hay risas cuando debe haberlas y tiramos del pañuelo cuando los guionistas así lo han decidido. Comedia y drama no se solapan, sino que se compenetran de una forma magistral. Todo está en su lugar tal y como debe ser. Obviamente la vejez es el gran tema que aborda la historia, pero hay otro aún más importante si cabe, que aunque oculto en la primera mitad de la película reluce como el que más en los últimos actos de esta: La amistad. Una amistad representada en el personaje de Miguel, que trata de hacer el mayor bien posible a sus compañeros aunque a ojos de Emilio no sea más que un aprovechado. Y es ahí donde radica la gran virtud de 'Arrugas'. Todo lo que vemos y vivimos es por los ojos de Emilio; el espectador es Emilio. Formamos parte subjetiva de la historia y por lo tanto no somos capaces de reconocer lo que es real y lo que no (nunca mejor dicho en este caso). Sólo cuando nos quitan la venda y tomamos la posición de espectador omnisciente recabamos en lo grande y maravillosa que es esta película. Sin duda, una obra que puede que a muchos, yo el primero, nos haga cambiar la forma de ver a los 'viejitos'. No como a esas personas cuyas vidas están acabadas, sino como a aquellas que luchan día a día en un mundo que cambia a su alrededor en una aventura sin fin.