Después de los acontecimientos sucedidos en la primera parte, esta nueva película nos va mostrando tres líneas arguméntales una de las cuales tiene que ver con nuestra protagonista, Sarah Michelle Gellar ya que su hermana vendrá a buscarla para llevarla a casa, pero se encontrará metida en el mismo problema que ella al investigar lo que le sucedió y entrar en la casa maldita. Por otro lado tenemos un par de chicas jóvenes estudiantes que deciden gastarle una broma a otra tercera haciéndola entrar en la casa y hacerle un macabro juego, que como no acabará siendo más real de lo que ellas esperan. Y finalmente el tercer hilo argumental donde tenemos una familia americana cuyos miembros empiezan a comportarse de forma extraña y agresiva.
La película no es más que una sucesión de escenas de sustos y muertes, una y otra vez vemos a algunos de los protagonista siendo acosado por el fantasma pálido del niño, la madre o los dos a la vez hasta que acaba muriendo. Hay algún susto logrado, todo hay que decirlo, pero es que cuanto cada escena es prácticamente igual a la anterior a media película ya cansan. Aunque luego intentan colarnos algo de trama a través de la hermana de la protagonista anterior y su investigación para averiguar que ha sucedido pero se lo acaban ventilando todo en cinco minutos y realmente de nada sirve saber lo que nos cuenta. Y luego acaba con un final que se veía a la legua hacia rato pero que se paran a explicar con flashbacks no sea que nuestra pobre inteligencia no lo capte.
Ya va siendo hora de que el director de las originales y sus remakes se vaya despidiendo de una saga que ya no tiene mucho más que decir y que lo único que va a conseguir es aburrir.