Red social cinematografica
22 de julio de 2019
Opinion

Tiene toda la pinta que la gala de los Oscar este ya más cercana a los festivales de Eurovisión y la gala del Balon de Oro. \nNo voy a mentir pero puedo ocultar información. Así puedo engañar al público sin ocultar del todo la virtud de algo: \nPelícula con una fotografía impecable, un notable trabajo de cámara, planos de calidad y de suma belleza y una fina interpretación del detalle, de lo cotidiano, de la vivencia de una familia cuyo enfoque cultural y social transmite dureza, verdad y pese a lo clasista del momento humanidad y cercanía. \nEnfoque histórico perfecto y ambientación a la altura que acerca mucho más a la época y a la situación. Escenas (algunas de ellas impactantes) que con los planos y pese a los silencios trasmite cosas y el rodaje en blanco y negro las hace más impactantes, más intimas, más desgarradoras. \nAhora y pensando que todo esto es más o menos verdad, os digo la opinión que merece. \nSe puede decir las virtudes que tiene de forma que de para engañar a alguien para que este nominada al Oscar, se puede adornar de tal manera que incluso haya una posibilidad que gane algún Oscar secundario, pero la película es de lo más ABURRIDO que he visto en muchos años. \nHe tenido que visionarla en 3 actos para no dormirme o peor, arrancarme los ojos con alambres ardiendo siempre preguntándome porque el 80% de la gente y el 100% de la crítica "especializada" dan a Roma tan siquiera la más mínima opción de ganar el galardón a mejor película. \nPelícula plana, sin nada que te intrigue, te emocione, te haga reír, te haga purgar tus pecados por algo que no has podido olvidar, ninguna canción que te haga mover los pies al compás, ninguna mirada que te penetre en lo más hondo y te conmueva, carente de ritmo, incluso pese a que han tenido tiempo en más de 2 horas ningún personaje a excepción de una pincelada de la protagonista esta bien detallado ni hace que surja esa empatia que a veces te engancha a la trama. \nEl cine esta cambiando a peor, yo estoy cambiando a peor o el mundo se va a la m.... \nPuede que si no veo mayor virtud en Roma que la citada fotografía, juego de cámara, y ambientación o encuadre histórico sea una mente simple sin futuro más allá de algunas líneas intrascendentes pero prefiero vivir en la ignorancia que ser ignorante. \n3 virtudes citadas y un 3/10 siendo generoso. Por lo demás película Intrascendente" \n

👍 Lo mejor
El encuadre histórico,la fotografía y algunos planos
👎 Lo peor
La gente se ha vuelto loca. Es aburridisima

Criticas (1)

22 de julio de 2019
Critica

La última película del realizador mexicano Alfonso Cuarón que, como si fuera un Kubrick redivivo, vuelve después de cinco largos años para acaparar nominaciones y premios (recordemos que su filme anterior, Gravity (2013), se llevó la friolera de siete galardones de la Academia). Y lo hace con una cinta radicalmente diferente, en la temática, en la estética y, en fin, en la intención.

En efecto, la historia de Cleo, una empleada de hogar que trabaja para una familia de clase media en el México de primeros de los setenta, es un fiel reflejo de una desigualdad social sin vías de solución. De una diferencia de clases explicada desde el cariño, eso sí, y de la nostalgia del propio director que asegura haber rodado una película autobiográfica.

Un filme del mejor Cuarón, como el de aquella excelente película Y tu mamá también (2001). En Roma “también” hay viajes en automóvil para ir de falsas vacaciones mientras el país estalla. Lo novedoso de la nueva propuesta de Cuarón es la fotografía expresionista en blanco y negro; y las secuencias realistas de un suceso tan trágico como poco conocido en Europa, que se llamó El Halconazo, pero del que no es ajeno el cine mexicano ––otros cineastas se hicieron eco de los acontecimientos que sacudieron ese país a finales de los sesenta y primeros de los setenta (Felipe Cazals, por ejemplo, en Canoa y El apando).

Roma es, por tanto, muchas cosas, también un tour de force técnico con incontables y larguísimos travellings; con dominio de la profundidad de campo; sin música, pero con sonidos fuera de cuadro; con eficaces planos detalles y con una estética que parece traspasar el charco para viajar a la Europa central y oriental a visitar a Tarkovsky o a Béla Tarr.

Así, el entorno que rodea a la protagonista se desintegra, igual que la familia modélica donde trabaja también sucumbe como si fuera un microcosmos representativo de aquella sociedad. Varias metáforas tan atractivas como esa salpican de acierto un metraje que discurre a una velocidad adecuada: el nacimiento de un niño, viciado por una relación perversa; el turismo desproporcionado que no cabe en la cochera llena de excrementos del perro, apariencia frente a realidad; y el avión que todo lo ve, pero no puede intervenir: como el propio Cuarón, testigo de la incapacidad del ser humano para resolver sus problemas, entre ellos el de la desigualdad.

En la catarsis que es la secuencia de la playa, sin duda de lo mejor de la cinta, y, en concreto, en el plano emotivo que sirve de cartel promocional, parece que se haya superado esa barrera social. No es más que un espejismo. Otro encuadre, el del final, coloca las cosas en su sitio.