Dulce Emma, querida Bobbe Szabo cela con mimo su cultura socialista, el legado de la escuela rusa plasmado en planos fijos, cortos, en la austeridad del atrezzo y, sobre todo, en cierto reconstitutivo afecto por lo verbal sobre lo icónico. Cine político de mucha altura. Emilio Calvo de Mora 28 dic 2006