Efectismo barato y falta de coherencia estética.
Una asombrosa reflexión sobre el papel de la mafia y la droga (y la corrupta policía) en un país devastado por las trágicas secuelas de una guerra sin sentido, y una política aún más temible que la propia guerra.
El fanático de estos festines no se la perderá, el resto, puede saltearla con toda tranquilidad.