Jacques Rivette, uno de los últimos grandes bastiones del cine francés, regresa con un film de época, que narra la trágica serie de desencuentros amorosos de Armand de Montriveau y Antoinette de Langeais. Si bien la historia comienza de manera intrigante, poco a poco el complejo cortejo amoroso se vuelve un frío histeriqueo entre dos proyectos de amantes, que solo por momentos saben mostrar su verdadero amor. Este jueguito macabro de atracción y rechazo, principalmente de la duquesa al general, comienza con cierta ironía y termina volviéndose un tanto soporífero, hasta un desenlace trágico resuelto con maestría. Rivette, en equipo con su genial socio creativo y guionista Pascal Bonitzer y Chrstine Laurent, juega con diversos elementos, principalmente con una fastuosa ambientación y con una definida voz literaria, plasmada en los diálogos y en unos originales intertítulos, que no se conforman con marcar los cambios témporo-espaciales, sino que se atreven a comentar y completar las escenas, ironizando constantemente sobre la relación, constituyéndose a su vez en una voz narradora con peso propio. Hay más discurso, y quizás más cine, en esos intertítulos que en la escenificación del tira y afloje de esta pareja que nunca llega a serlo, sin embargo, son esos intertítulos los que logran evocarnos la voz del sofisticado trío (que ya habían adaptado a Balzac en la multipremiada La bella mentirosa) y de un maestro con demasiados puntos en común con el resto de sus compatriotas contemporáneos.