Cine de género del bueno, lleno de referencias y cinefilia, respetuoso con el público, y que nos regala a todos de manera magnífica todos los placeres que proporciona el género.
No solo es que la película se ría de sí misma, es la propia sátira la que la hace tan buena, indudablemente lo mejor de la cinta son sus diálogos, inteligentes y hábiles, un deleite para los seguidores del terror slasher.
A partir de esa premisa, Kelly despliega un entramado con regusto de conspiración, a lo Expediente X, que nunca pierde interés: juegos con el tiempo, espionaje político, una historia enloquecedora en la que nada es lo que parece.
Una versión brillante, entretenida, muy interesante técnicamente, con algún que otro sobresalto. Charles Dickens en 3D.
Visualmente es intachable, impecable. Todo un espectáculo, desde luego. Y ahí paramos.
La ola es un experimento que se agradece.
Un cruce entre Jacques Costeau y Napoleon Dynamite.
Una poderosa reflexión sobre los comportamientos de las personas en situaciones extremas, y los secretos que se esconden en el baúl de la memoria y al que pocas personas tienen acceso.
La decepción ha sido mayúscula.
Si Scott recuperara la sobriedad de, por ejemplo, Deja Vu, la película podría haber sido más creíble y más emocionante.
Un obsesivo policía, un psicópata recién salido de la cárcel y una perturbada chica son reunidos por el destino en una cinta que retrata el dolor en sus distintos matices con una inminente tragedia. Dirige el australiano John Polson.
Para fusionar esta fascinación japonesa, con una historia mínimamente interesante la directora emplea muchos de los elementos necesarios para conseguir una atmósfera exótica dentro de un drama reconocible occidentalmente.
Podría ser un sueño o una fábula al mejor estilo árabe de Las mil y una noches. La expresividad de los dibujos de Thierry Million es fantástica, su estilo parece una combinación entre Mafalda y el Guernica de Picasso.
Una película que relata de manera correcta el ascenso y posterior caída de un idealista en el mundo de la política, algo que lamentablemente puede aplicarse hoy por hoy a cualquier época y acontecimiento histórico.
REC 2 vuelve a dar en el clavo y se convierte en una de las pocas secuelas de terror que valen la pena
Como dijo Harry Houdini “”Mi mente es la llave que me libera”” y esa es la filosofía de El ilusionista, liberarnos del aburrimiento y contarnos una historia fascinante.
“”El desencuentro de civilizaciones”” es un mosaico difícil de entender, de eso trata la novela de Alaa el Aswani que el director Marwan Hamed ha llevado al cine en “”El Edificio Yacobián””, símbolo de toda una época de apertura en El Cairo.
De factura técnica interesante, pero bastante aburrida.
Un nuevo paso adelante en la carrera de un director que nos llega en su más espléndida madurez
TRATADO sobre la rutina de la vida cotidiana en Madrid y en sus ciudades-dormitorio.