Nada nuevo en los suburbios. Los mismos sueños truncados, las mismas ansias de salir del fango, la vida misma vuelve a mostrar su cara más jodida. Todo muy fresco, sin pretensiones, pura fórmula que ni defrauda ni entusiasma.
Inflexible, Buñuel narra una historia de odio, lujuria, amor y cierta redención, sin temblarle el pulso.
La emoción ni se intuye, el horror ni roza los muros de este paquete embalado sin primor, sin dejar filtrar las zozobras de un tiempo infame. Esto no es cine, ni malo ni bueno. Es burda y olvidable criatura del mercadeo, como la novela que la parió.
Derivas del sentimiento y un fin de año memorable. Paisaje neoyorkino como escenario de vínculos imprevistos. Pequeña sorpresa con todas las reglas ortográficas del cine independiente, refrescante y sin complejos.
Mystic River, un callejón sin salida
El realizador Morgan Spurlock se embarca en la misión de encontrar al hombre más buscado del planeta Osama Bin Laden pero le sirve como un buen pie para conocer más acerca del medio oriente y de los terroristas
Cine grande, de estigma ético y malabarismo dramático. Cine social del más noble que pueda concebirse, con todas sus excelencias y ni uno solo de los trazos gruesos que suelen infectarlo. Y, además, hermosísima película.
Sólo falta Mercedes Milá para culminar la pesadilla. Olviden la coherencia, el rigor, el buen tino, la sutileza, el cuidado literario, los personajes con hondura. Desabrochen complejos y observen el lamentable espectáculo.
El sinónimo cinematográfico de la magia. Lección de arte, pura pasión cinéfila, la droga del entusiasmo y un retorno a las esquinas olvidadas de la infancia. Las tres dimensiones del noble oficio del cine.
Pariente menor de THIS IS ENGLAND, su otra mitad en el mordisco a lo real. Fábula amable que no escarba en el dolor, aunque su trazo físico sea muy correcto. La hemos visto muchas veces ya.
Guy Ritchie, ¿cuándo crecerás como director? ¿Dejarás el espasmo visual, la estridencia y tu submundo de simios descerebrados? ¿Harás cine algún día?
Resistencia, al igual que Diamante de Sangre o El Último Samurai, no es más que una película muy comercial revestida de cine comprometido entre cuyos objetivos figuraban el conseguir algún tipo de reconocimiento (léase candidaturas al Oscar)
una road movie absurda y aburrida, con demasiados primeros planos de un Vincent Gallo totalmente desubicado
El relato de las opciones vitales, del peso de la memoria y los lazos familiares es de una tibia corrección. No cautiva, no arrastra, se ve pero no deja huella.
No está de más esta vuelta de tuerca al fantasma de la guerra (la nuestra, la que tanto cine ha inspirado, la que, pese a quien pese, no debe olvidarse). Demasiado bondadoso el retrato del clérigo, pero con las dosis precisas de emoción.
¿Qué es la modernidad? ¿El postizo, la falsedad, el artificio, los aires rupturistas, el tosco vanguardismo? Este engendro pretende diseccionar el vacío de la era moderna y apenas consigue articularse, hacerse entender, interesar. Infame
Kar-Wai revalida su rango de autor insigne. Juega con el enigma narrativo, la seducción del embalaje, el caos emocional. Ejemplo canónico de universo creativo insobornable, genial. Obra hermosa, a bocajarro, inolvidable.
Relamidos quedarán los gourmets del cine minúsculo, uno que ignora la fanfarria y el postureo. Gustará paladear este festín tragicómico calentado al mimoso fuego de la originalidad. Y la digestión es de lo más ligera.
Otra gran actriz que, ignorada por la gran industria, acomete tareas más íntimas, su propia visión de una adultez precaria, emocionalmente caótica, imprevisible. Es cine independiente, y se honra de ello, aunque no deslumbre.
Rutina que no brilla, moldes manoseados en un género noir que empieza a repetirse como el pepino. Edward Norton deja huella en un mecánico descenso a las cloacas. Corruptelas policiales, dilemas morales y la familia incordiando. Correcta.