Banderas de nuestros padres
Pese a que no llega a aburrir, la película transcurre con un ritmo irregular al que no ayuda la forma de flashbacks que se ha elegido para contarla, que en ocasiones confunde y resta frescura a la acción.
Pese a que no llega a aburrir, la película transcurre con un ritmo irregular al que no ayuda la forma de flashbacks que se ha elegido para contarla, que en ocasiones confunde y resta frescura a la acción.
Análisis a la argentina de los conflictos familiares. Cine feminista con un repunte ácido, corrosivo, simpático en ocasiones, que habla también de la penuria de una sociedad argentina convaleciente de corralitos y de miserias políticas.
Una feliz revisión de las películas de animación que veíamos de peques.
Clint Eastwood es un valiente, un director honesto, hábil y generosamente creativo, aunque aquí ha desperdiciado un material excelente al no calibrar bien un reparto anodino y un montaje pesado.
El filme no es, a pesar de todo, un pastelón sentimentaloide y lacrimógeno -ya he dicho que a mí personalmente, el tema me sensibiliza- es una hábil comedia dramática con excelentes momentos de humor.
No es más que una estúpida comedia, donde sólo hay 2 o 3 gracias que encima se revelan en el trailer, pero si raspamos un poco nos encontramos con una cruda y mordaz crítica a la sociedad.
Lynch se ha pasado un poquito ensamblando pesadillas que, como en los sueños, no tienen coherencia ninguna. ¿Es esta película una gilipollez? no sé, es subjetivo… ¿es un cuadro de Miró una chorrada que haría tu sobrino de cinco años? Tú mismo.
Todd Field mantiene su terreno intacto, pero muy estimable, y poniendo en escena al menos tres grandes cuestiones, relacionándolas entre si e implicando en ellas a sus personajes.
Retazos suburbanos, tristes, dolorosos, extirpados desde detrás del porche y presentados bajo un denominador común, la mirada de un niño al que luchamos por ignorar.
El primero fue un éxito y por eso repiten la fórmula con un título corregido y aumentado o, mejor dicho, estirado y ligerito.
Winterbottom utiliza como excusa la adaptación de la novela Laurence Sterne para acabar contando una historia del cine dentro del cine, sobre el que ofrece una visión paródica sin restarle credibilidad.
Transgresora, incómoda, necesaria, improcedente, terrorífica, inteligente… Vamos a buscar más adjetivos y los colocamos aquí. En todo caso, cine convulso, como la vida. Si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos…..
Equilibrada combinación de denuncia social y cine comercial, siguiendo la moda del cine denuncia que reporta multimillonarios beneficios.
Profundiza, dando en la llaga con precisión clínica, en esa irrenunciable naturaleza infantil que nos es común y nos sitúa ante inseguridades, caprichos o huidas que tambalean nuestra existencia.
Híbrido entre el cine de Ciencia Ficción de los 60, pobretón y patético, y el drama sobre adolescentes. Una película ingenua, divertida, recomendable siempre, que da una visión muy precisa de una época.
La preparación y el desarrollo son obra de un buen mago del cine que, por desgracia, no ha sabido rematar el truco.
Will Smith vuelve a las carteleras, con una película muy diferente de las que suele protagonizar. En este caso no tiene que enfrentarse a robots ni a extraterrestes, en esta ocasión tiene un rival mucho más difícil, la vida real.
El final es el punto más infantil de toda la película, pero pese a esto, “Noche en el museo” se hace un producto interesante y recomendado para todos aquellos que disfrutan con aventuras del estilo de “Jumanji”
La voz hueca que suelta frases de catecismo era, el el fondo, la estrella. No había una chica para que funcionara un romance. No, en realidad está para sostener la pancarta de que los blancos podemos arreglar África con un par de leyes. Que maja, ell
Merece situarse por encima de otras propuestas parecidas que nos llegan desde “la industria”.