Craig le transmite muchísimos matices al personaje, tantos como el nuevo enfoque requiere, y para mi gusto -lo siento chicas- lo hace infinitamente mejor que Brosnan, cuyo mayor mérito fue poner cara de palo amargado durante todo el metraje.
Esta estridencia de modernidad en tres actos enteramente prescindibles concita, no obstante, condescendencia, aunque sea únicamente por el riesgo que supone en esta Europa con tanta necesidad de cine que aúne taquilla y crítica.