A lo largo de sus 160 minutos asistimos a un juego de gatos y ratones con una planificación ejemplar que peca quizás en exceso de las elipsis. Ni se te ocurra pestañear, que te lo pierdes.
Correcto thriller, que juega con esa norma no escrita de las intrigas de los últimos veinte años que exige un vuelco en el guión en las últimas escenas, y lo cierto es que aquí se consigue el efecto sorpresa con total rotundidad. Pero también es verd