¡Mi hijo vale más que eso!
Bond, James Bond, ha perdido su identidad a cambio de ganar minutos con escenas de acción y parafernalia, que consiguen un resultado más espectacular, pero no más interesante.
No te ríes mucho pero sí sonríes de veras ante ciertas circunstancias, sobre todo en su tercio final, con el asunto de la presunta violación.
El título que casa perfecto para esta película es “The Mess” (Desastre), porque esa es la sensación final con la que uno se queda y las dos palabras que mejor resumirían este desatino de cinta.
Eastwood nos propone unos valores morales como los de la lealtad, la amistad o el amor, en un filme fiel heredero de las historias que narraba otro clásico como él; me refiero a Hawks, claro.
Una película que supone un soplo de aire fresco ante la nada general de películas estrenadas en pantalla grande que, cómo no, aquí en casa no hemos visto ni en pintura.
Tras la trillada historia se esconde no obstante una serie b con momentos aterradores, sustos bien definidos, llena de escenas escalofriantes.
Una de las obras maestras del género negro y de De Palma, un director que domina la técnica y la puesta en escena, estudiando minuciosamente cada plano. Contiene algunas de las secuencias más logradas de la historia del cine.
parodia como quieras
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Es ágil en su narración, aunque no tiene mucho que contar, más bien poco, siendo lo peor los diálogos, de los que bien pudiera haber prescindido pues son ridículos y tanto hablar de dioses y profecías acaba cansando al respetable.
Ed Harris se ciñe al esquema básico del western de acción.
Aprobado justito para los más pequeños y un pequeño fiasco para sus progenitores.
Una obra que encumbra a mi mito mamporril a los anales del cine de autor.
filmación aburrida y condescendiente de esta última cinta diseñada para conseguir algo de dinero en taquilla gracias a los coletazos de los fans del horror.
Un film sublime estéticamente, que repito quizás carezca de mayor profundidad psicológica, pero que deja un inmejorable sabor de boca y se degusta como un pequeño manjar.
Que el potencial del fondo no encuentre en la forma algo más que una efectiva (¿efectista?) plasticidad sobre temas muy manidos y que ya han tenido mejores exponentes. Y que, documentalmente hablando, no sea capaz de enseñar nada nuevo.
Si en LA NARANJA MECANICA y FUNNY GAMES, los asesinos traviesos juegan con sus víctimas, sin aparente motivo/causa que lo justifique, en LOS BASTARDOS se insinua la justificación, pero el impacto nos deja huérfanos como espectadores atónitos.
Thorpe consigue que las espectaculares escenas del torneo permanezcan en nuestra memoria, encabezando una lista de aventuras vividas en nuestra infancia aquellas tardes de sábado frente al televisor
Una cinta con un comienzo muy prometedor, pero pronto, muy pronto, se va al cajón de los filmes para olvidar.