Esta peli reúne a grandes actores y a una gran mujer alrededor de una trama loca y sin sentido, con tópicos del cutrecine de acción y con barbaridades que desafían a la física y te dejan con la boca abierta para después hacerte sonreir.
Pero al igual que El Orfanato, este film no es más que un refrito de miles de películas americanas y orientales pero con gritos españoles.
La Familia Savages ofrece un retrato ligeramente fallido y decepcionante, de la sociedad americana actual, en la que por encima de la historia, emerge la figura de ese extraordinario actor que es Philip Seymour Hoffman.
Cosas que perdimos en el fuego merece ser vista por el mero hecho de contemplar al atormentado personaje al que da vida Benicio Del Toro, por otro lado, muy en su línea, y que en cierta manera nos recuerda a su papel en 21 gramos.
Modernidad y ciencia contra atraso y superstición; igualdad contra racismo, belleza contra fealdad… la inmortal obra de Victor Hugo espléndidamente plasmada en la pantalla.
La cinta no es brillante. Dista mucho de ser perfecta en cuestiones de intensidad y equilibrio en el guión. Lo que si hay que reconocer es el mérito de montaje y la capacidad para colocarse como un espejo ante lo que su protagonista quiere contar.
Increíblemente se ve con agrado sobre todo al trabajo de su protagonista que sin ser Marlon Brandon se le debe reconocer además de un cuerpo esplendido un carisma bien llevado cuando se desenvuelve en el humor.
Esta película, emotiva, emocionante y genialmente realizada resulta uno de los mejores dramas recientes del cine español.
Ni thriller, ni comedia ni drama. Todos estos elementos desfilan por delante de nuestros ojos y ninguno cuaja.
Excelente cinta española, que si bien no supera a “”Te doy mis ojos””, la anterior película de Bollaín, deja muy buen sabor de boca, aunque su cierre sea algo cojo.
Michael Douglas, en un papel atípico, hechiza al espectador con su entrañable locura quijotesca, en una historia que no puede dejar de recordarnos en cierto modo a la maravillosa El rey pescador, de Terry Gilliam.
No sólo no ofrece ni una sóla secuencia original o, en su defecto, algún instante mínimamente perturbador, sino que repite en varias ocasiones los mismos efectismos. El peor remake en lo que llevamos de año, que ya es decir.
Reconozco que me esperaba otra cosa (no se muy bien el qué) y reconozco que no pensaba que me llegara a gustar, no obstante, debo admitir que a la hora de la verdad, y como por arte de magia, me lo pasé como un niño.
La historia no tiene absolutamente nada de original y tiene numerosos elementos prestados de otros filmes anteriores que sí obtuvieron éxito, como por ejemplo “”El bueno, el feo y el malo””.
Repleto de valores humanos, como la solidaridad, la amistad, la aceptación del diferente, el sentido más allá de lo lúdico de la pertenencia de un juguete, la película se degusta como un manjar, no en vano tiene un ritmo de una agilidad portentosa.
Siempre estoy diciendo que el cine español ultimamente solo genera porquerías, esta vez he de comerme mis palabras, y quitando las cosas que ya he dicho, estamos ante una genial cinta “”de casa”” que, analiza “”nuestras miserias””.
Cazurra coreografía de saltos, disparos y mamporros varios, zombies, mucha arena, más disparos, más saltos, tedio, ¿quién me manda a mí perder el tiempo en esto ?
El último rol principal en una cinta de terror del gran Vincent Price, en colaboración con Peter Cushing y Robert Quarry, en una cinta entretenida pero con muchas imperfecciones.””
La película está bien estructurada, es intensa y mantiene bastante dignamente la tensión aderezado con esos escenarios clásicos, intercambios en estaciones y violencia moderada que sólo se vuelve explicita hacia el final del metraje.
The Contract es un divertimento sin pretensiones que a pesar de su falta de originalidad, su estructura esquemática y previsible, consigue entretener al espectador.