“”Bee movie”” es un ejemplo de cómo el nivel en los guiones del cine de animación está bajando a cotas preocupantes.
Ésta calcomanía en plan zombie de Serpientes en el avión, no necesita de guión ni otras menudencias, pero sí de altas dosis de casquería, humor y mucho morro.
No es un absoluto horror, pero lo que pretendía ser una película original y pegadiza queda eclipsada y castrada por la propia idea y su ejecución.
¿Es que esta gente no se cansa?
Su principal problema reside en la desfachatez para emplear manidos tópicos y en las continuas fantasmadas que suceden a lo largo de la cinta, sobre todo cuando entra en acción Emilio Estévez.
Es entretenida y en su primera mitad hasta francamente divertida. Los diálogos son graciosos, ingeniosos en las réplicas, con buenos gags, sobre todo a cargo de las actrices “”secundarias”” y del gran Keenan Wynn, como el amigo del protagonista.
Es clara la pertenencia del filme al género negro, pero gracias al buen hacer de Hathaway la película se convierte en un thriller que roza por momentos el cine de terror.
Daniel Craig y algún que otro secundario conocido ponen cara a una historia de zombies bastante floja, increíble y con situaciones totalmente irrisorias.
Excelentes escenas como “”la boda”” de los dos enamorados o las que tienen lugar en Irlanda, que por otro lado rechinan un tanto desde el punto de vista del rigor argumental, demuestran que Attenborough todavía tiene buena mano para la dirección.
Bastante utópica en realidad, aunque su belleza y fuerza poética son tales que el espectador no puede (ni debe) evitar dejarse llevar por su quimérico torrente de lirismo, afabilidad, ternura, armonía e ilusión. Ojalá La banda nos visita se encontrar
Mala baba, cameos, mucho humor de mal gusto (bendito sea) y más desnudos de los esperados (que era ninguno)para una de las comedias más poderosas de la temporada. (Pasada)
Diálogos es lo que más abunda en esta narración algo inconexa que crea confusión y un ápice de somnolencia.
Despierto se queda en una buena premisa no aprovechada para ofrecernos más de lo mismo, tan convencional y aburrido como la mayoría de films facturados actualmente.
Bonito título para un mediocre western de serie más bien C. No tiene nada de interés, a no ser la participación de una ya madura Maureen O´Sullivan, entrañable compañera de Tarzán (Weissmuller) y, en la vida real, madre de Mia Farrow.
Una nueva vía de escape para un cine hollywoodiense medianamente original y que no recurre a secuelas ni remakes.
La premisa cómico-romántica está servida con un reparto de lujo y de lo más variado, pero al servicio de una historia mil veces vista y de lo más previsible.
Paul Thomas Anderson considera que para hacer una película de autor a la americana hay que cansar durante dos horas y media y tener a un buen actor como Daniel Day Lewis pasándose de rosca cada dos por tres.
Como quiera que su duración es corta, menos de ochenta minutos, se aguanta sin mayor dificultad, pero la historia no interesa demasiado, a no ser por conocer la curiosidad de la Ley del estado de Oregón.
Cualquiera diría que es un debutante pues el hombre aporta un cursillo acelerado de cómo desarrollar un a historia típica aportándole un ritmo endiablado en cada una de sus escenas que no da respiro en ese montaje ciertamente adrenalitico ayudado por
Su directora, Gillian Armstrong, construye un film con cierto tufillo a las novelas de Arlequín o Corin Tellado, que no está exento de interés para aquellas amas de casa gustosas de este tipo de historias; para el resto de los mortales, un folletín i