El poder (The Power)
Los efectos especiales, puede que en la época en la que se rodó el filme fueran buenos, pero hoy en día, cuarenta años después, son de risa Felisa, auunque hay un momento conseguido.
Los efectos especiales, puede que en la época en la que se rodó el filme fueran buenos, pero hoy en día, cuarenta años después, son de risa Felisa, auunque hay un momento conseguido.
No es un absoluto horror, pero lo que pretendía ser una película original y pegadiza queda eclipsada y castrada por la propia idea y su ejecución.
Su principal problema reside en la desfachatez para emplear manidos tópicos y en las continuas fantasmadas que suceden a lo largo de la cinta, sobre todo cuando entra en acción Emilio Estévez.
Ésta calcomanía en plan zombie de Serpientes en el avión, no necesita de guión ni otras menudencias, pero sí de altas dosis de casquería, humor y mucho morro.
“”Bee movie”” es un ejemplo de cómo el nivel en los guiones del cine de animación está bajando a cotas preocupantes.
Diálogos es lo que más abunda en esta narración algo inconexa que crea confusión y un ápice de somnolencia.
Bonito título para un mediocre western de serie más bien C. No tiene nada de interés, a no ser la participación de una ya madura Maureen O´Sullivan, entrañable compañera de Tarzán (Weissmuller) y, en la vida real, madre de Mia Farrow.
Su directora, Gillian Armstrong, construye un film con cierto tufillo a las novelas de Arlequín o Corin Tellado, que no está exento de interés para aquellas amas de casa gustosas de este tipo de historias; para el resto de los mortales, un folletín i
Paul Thomas Anderson considera que para hacer una película de autor a la americana hay que cansar durante dos horas y media y tener a un buen actor como Daniel Day Lewis pasándose de rosca cada dos por tres.
La premisa cómico-romántica está servida con un reparto de lujo y de lo más variado, pero al servicio de una historia mil veces vista y de lo más previsible.
Como quiera que su duración es corta, menos de ochenta minutos, se aguanta sin mayor dificultad, pero la historia no interesa demasiado, a no ser por conocer la curiosidad de la Ley del estado de Oregón.
No recomendable para los que buscan entretenimiento, pero quizá sí para aquellos que quieren ver una historia de amor desde un punto de vista diferente.
Mucha “chica” y poca limoná. Decepcionante peli de un Tarantino que esperemos vuelva a resurgir de sus cenizas como el puto ave Fénix que es.
Película comercial que no aspira a mucho más que meramente entretener, y que seguro no pasa a la historia del cine.
Sobre el papel, interesante película de intriga que, sin embargo, resulta algo pesada, hasta el extremo de que, aunque es de duración stándard, se hace larga y parece no acabar nunca.
Es como si hubieran mezclado los resultados de una encuesta para complacer a señoras de media edad que quisieran acudir a las salas un domingo por la tarde consiguiendo dormir a sus maridos.
Película sobre una muchacha que quiere triunfar en un mundo masculino como es el boxeo. Pastelosa a más no poder, más previsible que el discurso de su majestad en Nochebuena, sólo gustará a los amantes de este tipo de historias.
No aburre en ningún momento y se desea saber qué ocurrió realmente, cosa que se sabe al final, y ese final deja la impresión de que para ese viaje no se necesitaban tantas (en esta ocasión, más bien pocas) alforjas.
No se hace aburrida o pesada con un guión más o menos fluido a la vez que predecible que cumple a la perfección con todos los parámetros para ser una correcta comedia.
Andrew Lau debuta en la industria americana con una realidad enfermiza y una historia contagiada por lo macabro.