Una familia casi perfecta
Un planteo trillado, poco original, e infestado por una exacerbada y constante teatralidad.
Un planteo trillado, poco original, e infestado por una exacerbada y constante teatralidad.
Más allá de sus notables efectos especiales y su decente construcción de la acción, no hace más que afectar la imagen cinematográfica a un valor considerablemente menor, reduciendo el cine a un golpe de efecto extendido durante ochenta minutos.
Esta nueva producción de Happy Madison, vuela por la línea aérea de las comedias de Sandler, en clase turista.
Una producción pobre, carente por completo de un argumento sólido, y solo enriquecida por buenos efectos especiales, y algunos momentos graciosamente fascistoides.
Taymor coquetea con el tufillo “kitsch”, pero cuenta con un marco demasiado preciso que le impide dejarse llevar por el riesgo asumido.
Una película muy mal filmada, sin un solo criterio claro de dirección, con algunos gags previsibles.
Del limbo no es tan fácil volver, y como se suele afirmar, del ridículo tampoco.
Policial simplón, maniqueo y de espíritu netamente conservador.
La parodia actual, de la cual Scary movie puede sacar título de fundadora, tiende a agotarse en su propio mecanismo de cita a todo tipo de residuo del mundo del espectáculo, y detrás de eso, apenas un hilo narrativo que cuesta sostener.
Otro producto que funciona correctamente dentro de su mecanismo de película de suspenso pero que, en su evidente intencionalidad política, peca de ingenuo y esquemático.
Lejos de captar todo el brillo del mito, se queda en la mera anécdota romántica y pasteurizada ""para todo público"".
El cine de Arcand jamás renuncia a su intención de decir, y sobre todo, pierde todo criterio en esa compulsión por decir, por bajar línea sobre ciertas cuestiones.
Cabe preguntarnos qué está haciendo Hollywood con las actrices de cuarenta.
Logra destacarse por su enorme falta de madurez a la hora de tratar temas difíciles, rebajándolos al nivel de una novela para adolescentes
Una apabullante serie de golpes bajos y subrayados dramáticos, mas algún vuelco narrativo innecesario pasada la primera hora de película, que determinará una segunda parte aún más cruda, violenta y absurda que la primera.
Henry Fool ya evidenciaba que en el mundo que nuclea a estos personajes puede ingresar cualquier elemento y suceder cualquier cosa. El problema es que su secuela parecería girar sobre el vacío de este mismo giro.
Darabont se mete con el cine de terror, pero comete sendos traspiés al navegar sin rumbo entre el cine clase b y su propia forma de entender la dirección.
En este caso, las piezas actúan por separado y no encajan para nada.
¿Cuál es el objeto de tanto golpe bajo?
Un filme conmovedor, que tiene la gran baza del intérprete principal y la banda sonora compuesta por el gran Eastwood. Pero que pierde sus buenas intenciones ante la falta de garra en general.