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Un producto irreflexivo, alegremente pirotécnico, que avanza a los tiros y a los saltos.
Un producto irreflexivo, alegremente pirotécnico, que avanza a los tiros y a los saltos.
El “film noir” aquí es una suerte de corset que aprieta más que sostiene a la historia, volviéndola presa de su propio estilo.
Un buen entretenimiento que encima tiene algo de alma, depara buenos momentos cómicos cumpliendo a la perfección con su objetivo que no es otro que una ligera comedia sin más ínfulas que las de entretener.
Versión lavada, pasteurizada y edulcorada de una historia que, evidentemente, daba para mucho más.
Fracture logra mantener en todo momento una tensión que eriza los pelos, y ser una pequeña y poderosa película de suspenso.
Más allá de ser graciosa, absurda y disparatada, hay poco o nada de nuevo bajo el sol.
Un buen guión y un relato clásico que acierta al apegarse al personaje y la historia, sin necesidad de cubrirse bajo el ala de un género en particular.
Un film bello y sencillo, consecuentemente meloso, con escenas que emulan el cine romántico clásico.
Una comedia que, con su sencillez, su humor coral, y su irreverencia, homenajea a la comedia clásica norteamericana.
Primera obra dentro del largometraje que apunta trazas de autor a contracorriente aunque pierda interés en un final que se desinfla.
El límite que les impone la adaptación de una película previa, es algo difícil de sortear para los Farrelly, quedando a medio camino entre una comedia romántica liviana, y una comedia grotesca, con todos los ingredientes que solo ellos saben manejar
A medida que transcurre la historia nos adentramos en un relato más propio de la Universal de los años treinta que de la Fox, es decir de ambiente expresionista con tintes románticos y góticos.
Hay una ruptura mediada la cinta que nos hace pensar si no hubiera sido mejor haber hecho dos filmes. Aún así, es uno de los mejores largometrajes de aventuras realizado en la época dorada de Hollywood.
Como buen cine político, dice mucho sin ufanarse de ello, lo que no es poco.
Todo está envuelto en el clásico celofán con pinta de comedia romántica convencional, pero con varios detalles que la diferencian de sus primas pastelosas y predecibles.
Una comedia con pocos gags, y mucha humanidad.
No juega a favor la crudeza pornográfica de muchas escenas, en particular las escenas de sexo de Loïc, sumado a las ventanas que narran estos momentos.
Un bonito film, de simples y exquisitos personajes, cuyo mayor pecado parece ser el de intentar desarrollar una gran cantidad de conceptos y elementos, en un tiempo demasiado corto.
Un sólido drama con elementos de thriller, un consistente trabajo de Clooney, y brillantes actuaciones de Tom Wilkinson y Tilda Swinton.
El entretenimiento está asegurado, aunque algunos momentos den un poquito de vergüenza ajena.