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Puntilloso y larguísimo alegato que cuestiona los límites de lo legal y plantea los dilemas morales que impregnan las decisiones. Parábola sobre el derrumbe de un sistema de valores, de toda una cultura invadida por el voraz capitalismo.
Puntilloso y larguísimo alegato que cuestiona los límites de lo legal y plantea los dilemas morales que impregnan las decisiones. Parábola sobre el derrumbe de un sistema de valores, de toda una cultura invadida por el voraz capitalismo.
Pese a estar dirigida por uno que hace años que ha olvidado como acabar una película sin destrozarla y guionizada por otro que tan endiosado que no ve las tonterías que escribe, el regreso de Indy a la gran pantalla es de lo mejor de la cartelera.
Una película notable tanto en el apartado técnico como en el interpretativo, pero que lamentablemente se ve desvirtuada por la evidencia de una apuesta excesivamente elegíaca y trascendental.
Realmente estremecedora es la visión de esta cinta, que a todas luces conmueve por su toque descarnado, subrayado con una narración compleja, en el estilo de un caprichoso puzzle.
Una excelente película con una muy buena banda sonora, algunos momentos consiguieron arrancarme una leve sonrisa de complicidad, alguna lagrimilla de emoción y olvidarme durante un par de horas de todas mis preocupaciones.
Es una de las pocas veces en las que las estructuras del cine más clásico parece encajar en la industria contemporánea del actual Hollywood.
Adolece tanto de la ausencia de un sentido como de cierto esnobismo intelectual, pero en general es una entretenida película que pretende emular la etapa más bergmaniana de Woody Allen de ‘Interiores’ o ‘Septiembre’.
Paisaje humano sombrío y desesperanzado que usa la excusa de un atroz crimen para hablar de cinco mujeres con él relacionadas. Seca y austera, acaba inundando nuestra garganta de un sabor estropajoso.
Con la estupidez, las drogas y el sexo como baluartes, la película es un compendio de gags de serie Z y diálogos de besugo que, curiosamente, a un servidor le ha hecho reir en más de una ocasión. Y es que hay que saber lo que uno va a ver.
Más allá de las comparaciones (odiosas) con los anteriores capítulos de la saga, el último hace 19 años, Spielberg propone (como tesis) la decadencia de ese tipo de héroe en el advenimiento de la modernidad.
Puro cine de alcantarilla que se debe visionar sin pretensiones y con el cerebro a cero, si entras en el juego lo disfrutaras.
Recomendada a los fans de Spielberg, aunque sin lugar a dudas no es, ni de coña, de lo mejor de él.
Mikhalkov transmuta el discurso de Lumet sobre los valores liberales del ciudadano medio norteamericano en plena Guerra Fría en la desubicación de la sociedad rusa actual, dividida entre los ecos del postcomunismo hermético y el nuevo capitalismo.
No pasará a la historia del cine español, pero a mi me ha gustado mucho y además me ha hecho pasar un rato agradable, incluso me he reído a carcajadas con algunas situaciones.
Moderadamente divertida con la única baza de su actor protagonista es una comedia de consumo rápido que no por caer en todos los tópicos del género deja de ser un agradable entretenimiento frívolo y sobre todo un regalo para las féminas.
Diary of the Dead prometió mucho y se ha quedado en algo menos de lo que pudo haber sido, quizás por el agotamiento de Romero, quizás porque su fórmula se agotó hace ya mucho tiempo o porque tuvo un mal día.
Producto terriblemente inconstante, demasiado manido y carente de fuerza, a pesar de su moralina y su estética burtoniana (…)Aun así, resulta entretenido y notablemente válido para el consumo familiar, pero poca cosa más.
Además de estar producida por los hermanos Scott, es una ocasión excelente de disfrutar de este clásico de la literatura sci-fi trasladado a la pequeña pantalla.
Sin ser ninguna maravilla, te entretiene y divierte gracias a unas jocosas situaciones, como las del indio, interpretado con mucha sorna por Graham Greene o bastantes diálogos llenos de doble filo.
El amor y el desamor, el cariño y tensión entre los miembros de la familia y el clímax socio-político-económico, están bien reflejados, aunque en ocasiones un tanto esquemáticos, como el periodo del fascismo.