Aunque falte más profundidad en la construcción de los personajes y decaiga la tensión en algunas escenas, esta película es bastante aconsejable por su temática y por su ambientación, con personajes brillantes como el del mago hipnotizador Vogler.
Constituye un ameno pasatiempo. No hay quien se crea nada tal y como se narra en la cinta, pero la espectacularidad y el frenético ritmo, hace que acaba gustando. A esto ayuda, sin duda, los elementos humorísticos a cargo de los James-Youngher.
Las historias tienen un interés desigual, muy irregular el grado de atención que se les puede merecer. El primero, el de su construcción, es vital para entender el resto de las piezas, siendo el segundo, el del niño que va para virtuoso, el mejor.
Escenas de pura acción guerrera, suceden alegremente, sin mayor cohexión, y pareciendo a veces, sobre todo cuando están en liza los dos protagonistas, una suerte de pantallas de video juego, que deben superar para pasar a la siguiente fase.
Propuesta entretenida que gustará a los amantes del género de terror y vampiros; el resto de público abstenerse. David Slade salva los muebles con una cinta menor a su antecesora pero superior a la media de facturaciones producidas en Hollywood.
Rob Zombie se dedica a desgranar de forma agobiante, al niño Myers de 10 años que todos conocemos, pero que nunca antes habíamos visto y sabido de sus orígenes. Recomendable.
Relata una preciosa historia de respeto, amistad y amor, entre dos seres faltos de cariño, seres a quienes la felicidad resulta esquiva, pese a, sobre todo la chica, intentarlo una y otra vez.
El guión no solo no es nada original, sino que se puede denominar de loco, increíble y hasta absurdo, sin embargo Joe Carnahan sabe adornarlo con multitud de estridentes elementos que la hacen visualmente atractiva.
Sylvester Stallone regresa con otro de sus míticos personajes para deleite de todos su fans, y logra una buena película de acción.
Se aleja de lo convencional, tanto en su forma como en su fondo, con una dirección técnica impecable, donde la puesta en escena es brillante gracias a estimables aspectos como fotografía y banda sonora, amén de una excelente dirección de intérpretes.
Aunque la historia nos lleva por derroteros históricos y amorosos, la historia entre las hermanas cobra mucho más atractivo.
La dirección de Daniel Mann, es algo envarada y denota un aire teatral que no casa demasiado bien con el celuloide, pero está lleno de buenos diálogos, con aceradas réplicas y contraréplicas entre la protagonista, una excelente Elizabeth Taylor.
Película entretenida que se deja ver perfectamente pero que su bajo recaudo pone en duda si realmente este proyecto era viable en cine.
La publicidad de esta película advierte “”narra un terrible suceso quirúrgico conocido como ‘percepción intraoperatoria’. No es recomendable para aquellas personas que vayan a ser intervenidas en breve””, nada más cierto de la realidad.
La película adquiere un carácter mítico, con la aparición de los dos personajes del final del film, encarnados con convicción por Wes Studi y Angélica Huston. Posiblemente uno es una especie de ángel y la otra un Demonio, o quizás al revés.
El reducido elenco interpretativo lo hace bien, comandado (y nunca mejor dicho pues su papel es del un Comandante) por el gran Joseph Cotten, aquí ya mayor, pero todavía en plena forma fisica. O al menos así lo parece en la película.
Con la moda imperante del “terror que no se ve” resulta una propuesta muy interesante.
Calificarla como mala o como buena me resultaría casi imposible. Esta es una película tan rara, contada de una forma tan extraña, y quizás sugerente (¡qué sé yo!), que analizarla con una mirada sencillamente objetiva sería de locos.
Algunas estrellas se encuentran totalmente fuera de lugar y, además, las escenas de las batallas no encajan con el resto de la obra, tan intimista y precisa con el texto de Shakespeare.
Una película que sobrevive por la gran capacidad interpretativa de su trío protagonista y gozar de una intensidad adecuada para no ser calificada como un “”culebrón””.