El laberinto del fauno
La crueldad del capitán no conoce ningún límite, empieza siendo gratuita y acaba siendo desmesurada. El mundo fantastico de la princesa y el fauno no contiene ningún ser tan aterrador. Quizá por eso resulta menos apasionante.
La crueldad del capitán no conoce ningún límite, empieza siendo gratuita y acaba siendo desmesurada. El mundo fantastico de la princesa y el fauno no contiene ningún ser tan aterrador. Quizá por eso resulta menos apasionante.
Tras unos comienzos algo titubeantes en los que parecía derrapar por la elementalidad en los personajes centrales, pronto levanta el vuelo, adensándose, construyendo un retrato casi entomológico.
Trepidante. No tiene otro calificativo, aunque atraganta al espectador a base de todo tipo de efectismos de postpro.
Nueve cuentos breves, nueve entretenimientos de voyeur sofisticado, nueve artefactos dramáticos que, en lo estrictamente cinematográfico, son de una concisión conmovedora.
Juan Diego actúa con tanta naturalidad que por momentos parece que esté continuamente improvisando. Una historia sencilla y cercana, fundamentada en un guión con buen ritmo y unas interpretaciones magníficas.
Quizás sobren algunas cosas y la verdad es que no está muy bien resuelta pero hay que reconocer que uno no piensa demasiado en ello mientras se está divirtiendo, durante más de dos horas, con cine de entretenimiento del bueno.
No deja indifierente: cala en cualquier tipo de público, incluso en aquel que no conecta con la mente ( retorcida ) de un director estimulante como pocos.
A sabiendas de que el título, de manera injusta, pasará desapercibido en el torrente de estrenos en la cartelera, sólo nos queda recomendar encarecidamente su asistencia a esta guerra casera como observador en tierra de nadie.
Vibrante, emotivo, espléndido relato contra la pena de muerte, no en abstracto, sino muy en concreto, la de de este chico soñador que se equivocó de sueño y terminó aterrizando en una pesadilla.
Stone logra una obra maestra de cerca de 45 minutos que pierde en intensidad a medida que avanza el metraje para recuperar el tono hacia el final.
El señor Kevin Smith parece que vuelve con su mejor cine, a la altura de su mejor película. Mantiene lo mejor de Clerks y además añade una trama dramática que dota de más profundidad y significado todo lo que rodea a Clerks.
Este particular director va camino de convertir sus filmes en obras de culto, a juzgar por la expectación generada por cada nuevo estreno.
Ni un solo reparo se le puede poner a esta historia de aventuras y miedo, capaz de resultar divertida por igual a niños y adultos.
Es una de esas pequeñas-grandes cintas que nuestro cine nos regala de cuando en cuando y que vienen a corroborar una máxima del buen cine: antes que el dinero y la abundancia de medios, lo más importante son las buenas ideas.
A pesar de ese “tic” nervioso de algunos cineastas independientes, no quita que esta película, que apenas dura una hora y media, sea muy recomendable.
Captura la esencia que tan bien supieron plasmar Zemeckis y Spielberg en los 80 y se separa del, cada vez más recurrente, tono paródico de los films de animación por ordenador,
Es igual de divertida que “Shrek” o tal vez sea incluso superior. No recuerdo que el ogro verde y compañía me hiciera reir tanto como todo el grupo de personajes que en este film comparten dialogos de forma repartida.
Quizá remite demasiado a su otra gran obra, pero la intensidad y la tristeza que evoca el conjunto, la hermosísima fotografía, y la inspirada música hacen que ‘El viento que agita la cebada’ sea una más que digna ganadora de la Palma de Oro de Cannes
Llenará el corazón de mucho amante del cine que busca, entre tanta morralla y tanto fuego de artificio, un reposado viaje a otro mundo. Corran al cine. Vaya que la quiten y pongan en su lugar una mamarrachada.
La única pega es la duración, una comedia de 128 minutos es imposible, aunque la espera tiene recompensa con unos créditos finales apoteósicos.