Un producto claramente para adolescentes, mediocre e imbécil, que en ningún momento consigue despertar una sonrisa, que apuesta a lo pegadizo, pero no logra salir de su insoportable levedad.
El resultado es una película visualmente impactante, parsimoniosamente digital y algo cargante por una excesiva duración que está destinada a reventar las taquillas y afianzar aún más el poderío de su director.
Excepto por diez minutos brillantes el resto no es más que una pantomina sin gracia. Sólo recomendada para los fieles seguidores de Sacha Baron.
Esta película hubiera llegado a los más alto si le hubiera añadido a todo esto un argumento a la altura. Lástima que hoy se pague más por unos buenos efectos especiales.
Camino es una experiencia que no se puede explicar ni con un millón de palabras, es buen cine, un verdadero drama que te destroza por dentro y te hace pensar en la suerte que tienes de poder vivir la vida.