The clone wars carece completamente del interés característico del resto de los episodios.
Simplemente entretenida, completamente intrascendente y olvidable.
Todo se autodefine – sin engañar a nadie, lo cual no la libra de su trazo acomodaticio – en una acertada realización técnica para un espectáculo efectista que no trasciende el impacto de la infografía por causa del esquema inane que lo estructura.
Un producto nada prescindible si quiere comprobarse el esperanzador y reciente movimiento cómico que ha surgido en el cine de los Estados Unidos. Zohan: Licencia para peinar es tan descabellada como camufladamente perspicaz.
Esta curiosa remake sorprende desde su punto de partida, pero evoluciona por una puesta que termina por no sorprender ni a los seguidores de los hermanos Pang, ni a quienes han visto la original, ni a quienes gustan del cine de acción oriental.
El arbitrario derroche visual invade una propuesta, que no parece ser la mejor adaptación posible del cómic homónimo.
La mano maestra de Chris Carter junto con Frank Spotnitz, envuelven este regreso de un modo único. No existe otra franquicia que le guarde a sus creadores un espacio tan importante a la hora de su adaptación.
Una de las mejores sátiras sobre el mundo del rock que se hayan hecho.
Su inmersión directa en la fábula fantástica le quita todo atisbo de complejidad al tosco Hellboy, en una película entretenida y auténtica, pero menos interesante y oscura que la sorprendente primera entrega de la saga.
Más allá de ser un bonito y digno cuento infantil, huele a producto híper-prefabricado, excesivamente rutinario, y carente de toda autenticidad.
Sin más, una sorprendente historia con gran impacto visual gracias a una contrastada y oscura fotografía, entretenida y sugerente en todos los sentidos.
Recomendable película que no brinda respiro alguno y analiza el rol sucio que a veces se puede realizar con internet explorando además el lado oscuro de los seres humanos que pueden hacer estas atrocidades de privar a la personas de su libertad junto
La cinta es olvidable al no tener nada especialmente destacable, como no sea unas imágenes de una operación a corazón abierto, realizada en realidad por el Dr. Martínez Bordiú, conocido por sus operaciones quirúrgicas, y por ser yerno de Franco.
Dos horas de desenfreno visual y científicamente imposible enseñando las abdominales recién estrenadas por James McAvoy y los tatuajes macarras de la Jolie. Es decir, la receta del perfecto Blockbuster.
una película muy bien dirigida, con buenas actuaciones, con un clímax muy bien conseguido, pero cuya tensión e interés conseguido durante el film se desintegra totalmente en sus intolerables minutos finales
Las ideas que trabaja la película se ven considerablemente achatadas por un guión que no sale de lo excesivamente convencional.
Sandler confirma, una vez más, que este molde, este tipo de comedia, es y seguirá siendo, por lejos, el que mejor le sienta.
Medio siglo más tarde, el western está lejos de ser sepultado por completo, y aún puede servir de base para loables muestras de buen cine.
World War Hollywood, Stiller desangra el olimpo del cine a base de mala hostia y golpes bajos. Imprescindible y probablemente, con el tiempo, referencia.
La torpeza de Smart aquí no termina de cerrar, ni permite que esta remake, estupendamente protagonizada por el gran Steve Carell, pueda leerse sin tener en cuenta ni añorar la esencia de la serie original.