Con suma honestidad y sinceridad con el material que cuenta, Kim Ki-duk nos entrega otro hermoso drama, donde las imágenes y los cuerpos se encargan de llenar lo que otro realizador cargaría innecesariamente de palabras.
La cinta es muy competente desde el punto de vista técnico, con un montaje vertiginoso, unos efectos visuales portensosos, amén del soberbio sonido, y una majestuosa banda sonora firmada por dos de los grandes: Hans Zimmer y James Newton Howard.
Esta historia femenina, en la sociedad rumana de aquellos años que precedieron a la caída del muro de Berlín, supone un perfecto equilibrio entre el componente humano específico y el contexto cultural que determina las acciones de los personajes en e
Existe un propósito por el cual alguien de la talla de Haneke se atreve a “autoplagiarse” con su última obra. Probablemente, ese propósito se encuentre en el juego que se establece principalmente entre la perversa pareja de jóvenes y el espectador.
El sintetizar una serie de acontecimientos históricos en la piel de dos amigos inseparables que buscan la paz entre ambos pueblos, no hace más que reducir considerablemente la historia real, al sencillo y un tanto infantil golpe de efecto dramático.
Lo más destacado de esta hermosa película, es la manera que ingresa en el mundo de los pacientes de neuropsiquiátricos, una mirada única y compleja de un espacio por demás frecuentado por el cine.
Una comedia que se queda solamente en la superficie, no resulta tan graciosa como debería, y si bien es otra muestra del talento narrativo y la corrección formal de Clooney, muy lejos se encuentra de la profundidad de sus anteriores filmes.
John Sayles consigue de Danny Glover uno de los papeles más convincentes y sensibles de toda su carrera, y consigue contarnos una historia que, sin ser naïf, cuenta el dolor de una comunidad desde su costado más iluminado y tierno.
El inteligente esfuerzo por mantener una vis cómica para narrar el duelo por un ser amado, termina derrumbándose a la par de Holly, atravesando por todos los consabidos momentos y escenas “para llorar”.
Más allá de la comedia basada en la natural torpeza del panda, no hay allí más que una sumatoria de elementos propios de cualquiera buena aventura que se precie de serlo.
Los méritos logrados por otras situaciones y personajes, se ven minimizados frente a la abrumadora presencia del chiste fácil, que de tan reiterado ya no causa nada de gracia.
Frente a una primera mitad que hace de la comedia su arma principal, el drama no hace más que perder los estribos de una propuesta que merecía un desarrollo acorde a su idea inicial.
El entretenimiento y el espectáculo están asegurados, y el éxito seguramente también, pero esto no necesariamente ayuda a que el regreso de La Momia aporte algo a uno de los géneros más valiosos de Hollywood.
Para una fantasía no hay nada mejor que otra fantasía. Lo virtual en su forma más pura y “recargada” domina toda la película, siendo el ingrediente más genuino para una propuesta situada en un espacio puramente imaginario, fantástico y vertiginoso.
El director de la elogiada Una historia de Brooklyn, desciende un par de peldaños con esta, una comedia dramática floja y débil, que no termina de funcionar plenamente en ninguno de estos dos géneros ni en su cruza.
Película sobre la sucesión en el cargo de verdugo en la España de los 60. Mal catalogada como comedia, Berlanga nos presenta una cinta llena de humor negro que nos adentra en un espinoso tema como la pena de muerte y la hipocresía de la sociedad.
Buena comedia de espías con un gran Steve Carrell.
El tipo reaparece sobre el 2004 tras mucho tiempo sin saber de su paradero, entonces nos restriega un montón de obras que algunas no superan los 300 dólares de presupuesto.
González-Sinde lleva la tristeza al grado máximo. Todo es fúnebre en este relato de perdedoras que comparten soledades, miedos y algún sueño de felicidad. O sea, lo de siempre pero sin emoción. Malena Alterio, como siempre, espléndida.
Algo a valorar dentro de los canones en que se mueve.