El terror se construye lentamente, a base de climas bien logrados y estupendas actuaciones.
El discurso ideológico cobra protagonismo a medida que se evidencia el sólido guión armado para la ocasión.
Rodrigo Moreno no observa al custodio, lo estudia, lo analiza, lo lee como un ser vaciado (no vacío) de sentido.
Un entretenimiento correctamente digitado, que sabe hacer lo suyo más allá de la obviedad característica de este tipo de “horror plots”.
Si bien se cometen errores en el desarrollo o alguna historia está excesivamente desaprovechada, en conjunto es un filme estupendo, lleno de peculiares matices y finalmente asombrosamente construido.
El resultado final traduce la mirada certera y piadosa de un gran autor en las postrimerías de su carrera, sobre la tortuosa soledad del ser humano.
La película de Renny Harlin es un thriller metódico y correcto, con una historia a priori atrayente que se va desinflando ante su total ausencia tanto de originalidad como de riesgo. Bueno, eso y Eva Mendes.
El desarrollo del relato potencia el horror y la crueldad propios del caso, apelando a los recursos más genuinos, una puesta metódica, sencilla y directa, e interpretaciones memorables, elementos que la hacen merecedora de todos los elogios.
Un filme conmovedor, que tiene la gran baza del intérprete principal y la banda sonora compuesta por el gran Eastwood. Pero que pierde sus buenas intenciones ante la falta de garra en general.
Anahí Berneri, en su segundo largometraje, sorprende con una historia chiquita, cargada de ternura y calidez, centrando sus méritos en la acertadísima elección de Silvia Pérez para el papel protagónico.
Gondry, en su cuarta película, se pone más melancólico que nunca, sin romances de por medio y con una mirada particularmente satírica del universo cinéfilo.
Henry Fool ya evidenciaba que en el mundo que nuclea a estos personajes puede ingresar cualquier elemento y suceder cualquier cosa. El problema es que su secuela parecería girar sobre el vacío de este mismo giro.
No es poco que una película donde además se establece un paralelismo entre el protagonista y el recorrido político-ideológico de su país, se atreva a mostrar que la idea de familia no es tan sencilla como lo es para un niño.
Sin ser una pieza trascendental de este género, cumple y dignifica con una historia cargada de vueltas de tuerca bien resueltas, y otros elementos que, en la mayoría de los casos, operan en desmedro de la historia.
Otro producto que funciona correctamente dentro de su mecanismo de película de suspenso pero que, en su evidente intencionalidad política, peca de ingenuo y esquemático.
De una película potencialmente original y llamativa, quedan sólo un halo de ternura, y un par de interesantes ideas visuales dispersas y reiteradas a lo largo del film.
Una película que, sin renegar de su anclaje cómico, articula la historia entre elementos dramáticos y románticos, merced al estupendo acierto de la pareja protagónica.
Si La caída no mostraba la otra cara del horror nazi, los campos de concentración, Los falsificadores centra sus ojos allí, para plasmar un discurso que no intenta eludir un elemento tan significativo como el concepto de “”culpa colectiva””
Lo que busca, lo consigue con sobrados méritos, partiendo de un guión fresco, inteligente en la mezcla de Austen con la mujer actual, y aderezado por un más que competente reparto.
Más allá de sus notables efectos especiales y su decente construcción de la acción, no hace más que afectar la imagen cinematográfica a un valor considerablemente menor, reduciendo el cine a un golpe de efecto extendido durante ochenta minutos.