8cho citas se nos presenta como una propuesta fresca, con mucho humor, diferente y entretenida.
No daba para un largo, sino más bien para un cortometraje. Así, su primera mitad está bien, es entretenida, con ritmo ágil y situaciones y diálogos intencionados. Sin embargo, su segunda mitad es algo ramplona, repetitiva.
Cocteau hace uso del vodevil para desdramatizar la acción, y estructura el filme en secuencias donde los personajes interaccionan entre sí por parejas.
Una película emotiva, llena de vitalidad, cuyos personajes son un encanto. Una historia que llega a lo más hondo del corazón y un hallazgo para la vista y el oído. Una película para no olvidar.
Hay que entender a Horton en su contexto, que no es otro que el de una fábula explícitamente pensada, guionizada y animada para el público más menudo, no para sus acompañantes.
No daña y puede resultar instructiva para los más pequeños de la casa, al ensalzarse virtudes como el cariño, amor y respeto, por encima del dinero y el poder que este da.
Bonito cásting, que durante todo el metraje parece enfrascado en ver quien está más sobreactuado de todos y claro, estando Jack Nicholson de por medio, el listón estaba muy alto y todos se ponen a hacer caras y a gritar como locos.
Interesante, curiosa y hasta original película del oeste, contada bajo un prisma a la vez desmitificador y glorificador, donde la leyenda y el realismo poético se dan la mano de forma muy atractiva y sugerente.
Hirschbiegel hace que el espectador se sienta como si estuviera dentro del propio Bunker; como uno más de los soldados o funcionarios que fueron testigos de lo que allí pasó.
La película transita por el universo Coen. El desierto (de arena o nieve), territorio inabarcable como un personaje más, en el que sobreviven las personas, sus actos y las consecuencias de sus actos.
Tanto fans de Eastwood como seguidores del buen cine de acción no deberían perderse esta bala cinematográfica de 7’92 mm.
Pasable película sobre un dictador africano, que utiliza al Sr. Whitaker de muleta para sostenerse.
Los aficionados al cine de terror fácilmente digerible es mejor que no lo vean o terminaran vomitando hasta la primera comunión, esto es pura crueldad sin nada que contar excepto las perversiones ocultas de personajes sin rostro.
Película aburrida, encima de larga, que nos presenta a un James Bond que no queríamos conocer. Me quedo con mis recuerdos infantiles del agente 007.
Gags geniales, buena animación, pero con una trama pasable pero bastante mejorable.
Una película tan humana y tan jugosa, tan exageradamente realista, que mientras la presencias parece que estés compartiendo esas situaciones con esos extraños y sensiblemente tratados “”savages””.
La cosa daría más de si, si no hubieran convertido una trama que prometía en una comedia romántica del montón.
Cuatro solventes actores (más un ausente Luppi) y un pulso que no tiembla en la dirección de estos noveles que a veces tiene su principal lastre en los giros que Luís Piedrahita y Rodrigo Sopeña proponen.
En mi opinión, la cinta deja que desear en más de un aspecto, aunque sí que es clara y determinante en el fondo. En el plano técnico es sobria pero eficaz en su discurso. Pero el guión alterna aciertos y graves fallos.
El terror vegetal de Las ruinas se antoja lo suficientemente entretenido y original como para no dejarnos con esa ingrata impresión de que nos han vuelto a tomar el pelo. Al menos, no del todo.