Este giro de Fincher no es estilístico. No se trata de contención, sino de rigor. Percibo, como siempre, el abuso de los directores mimados de la industria, que, adueñados del sistema, mandan sobre los productores y se niegan a aceptar la necesaria t
Ambiguo, desvaido, triste y honesto, al tiempo, retrato de una obsesión, sí, pero filmada con gélido aliento documentalista, poco atractivo como entretenimiento cinematográfico.
Aún con el propósito de pasar un rato entretenido, y nada más, me costaría recomendarla. Pero lo voy a hacer. Eso sí, atenganse a las consecuencias. Más de uno puede salir del cine cabreado.
Comedia sencilla pero efectiva que hará las delicias, sobre todo, de aquellos que aún, actualmente, seguimos disfrutando con la música de los 70 y 80. Un desengrasante fresco que merece ser disfrutado sin complejos ni falsas coartadas culturales.
Themroc es una especie de sátira “antisocial”, nos muestra como una persona se enfrenta a un sistema, y como este sistema quiere eliminarlo, quiere esconderlo. Cine anarquista.
A las películas de profesora carismática les ocurre lo mismo que a los amores apasionados. Uno se lo cree, pero a la misma vez sabe que es mejor no volver con la cámara diez años después, por lo que pudiera encontrarse.
El niño de barro es un aceptable producto de entretenimiento, que se queda lejos del intenso y trepidante thriller psicológico que promete la publicidad.
No destaca ningún actor y nuestra Penélope hace aguas en cuanto a credibilidad encarnando el papel de una prostituta de lujo venida a menos aquejada de cáncer.
No se trata de un film de terror como quizás se ha pretendido en algún momento sino mas bien de suspense y drama. Este supone el 4º film de Algora y creo que es el más efectivo de todos.
Se la acusó de demasiado larga cuando la corta vida del conquistador daría, como mínimo, para una miniserie.
Al principio se hace un pelín pesada, con escenas rellenas de nada, insulsa y algo desconcertante. No se sabe si será un bodrio, un ejemplo de pedantería o, a lo mejor derivará hacia algo positivo. Y, gracias a Dios, sucede esto útimo
Telefilm de presupuesto holgado que no merece figurar en la filmografía de este hombre. Al fin y al cabo hizo El fuego de la venganza y la estupenda Marea roja. Amor a quemarropa, en mi altar de debilidades, ocupa un lugar preeminente.
Si uno no es fanático de la saga, o no se regodea con los pequeños detalles de continuidad entre films, es difícil que se entregue al disfrute de una película por momentos anodina, imposible de sostenerse por sí sola.
Mañosa, pasional, provocadora, delirante, sensiblera, genial, desmesurada, emotiva, cursi, todos calificativos que le caben y la definen tanto a ésta como a toda la filmografía de Pedro Almodóvar.
Una película irregular, concebida para ser un puente hacia el siguiente episodio, y eso es una rémora que condena al proyecto a ser una mera transición sin mayor fuelle.
El film de Medem no tiene ritmo, es cursi, amanerado, forzado, largo, tonto y aburrido. Nadie se cree esos personajes tan estúpidos.
Poema visual de orgasmos sincopados y calambres metafísicos. O sea, un batiburrillo de escasa utilidad que se acaba olvidando sin excesivo esfuerzo.
El cine es algo muy físico… el cine es Sam Peckimpah, no Andy Warhol…. el cine es para que se vea. Las metáforas cursis y las videocreaciones dejemoslas a un lado.
Una buena idea, en un pésimo resultado. Sandrita, guapa, dedícate a las comedias románticas de esas que tanto le gustan a mi esposa, porque la verdad es que en este tipo de cine sobras.
El cine es engaño, al fin y al cabo. Haneke domina el medio cinematográfico, pero se burla de un espectador al que manipula con estilo. El cine es manipulación, al fin y al cabo.