Bien dirigida, bien interpretada y resulta suficientemente entretenida, pero está lejos de ser la obra maestra que muchos pregonan. Una cosa son las intenciones o el mensaje y otra muy distinta el resultado artístico.
Película limpia, sincera a más no poder. El cine de Vega va a caballo entre lo cotidiano y lo maravilloso y no se da a sus personajes su halo personal: los deja volar, libres; los filma con asepsia enorme, dejándoles triunfar y equivocarse.
Si vais con vuestros hijos al cine a ver ‘Arthur y los Minimoys’ pasaréis una tarde divertida. Eso sí, disfrutadla con el espíritu y los ojos de un niño.
Fesser, tiene un humor muy especial, y lo canaliza de forma extraordinaria a través de todos los personajes del film, creando ese mundo donde la protagonista reparte cariño y mucha ternura.
La película está concebida para convertirse en un clásico, a pesar de que dudo si será ésta la parte del duo Iwo Jima que quede como recuerdo más notable.
Filmada con la hierática austeridad espartana típica de Kaurismäki, con esos rostros de mirada torva, esos escasísimos diálogos, ese pálido microcosmos de un Helsinki permanentemente en penumbra, no defrauda a sus seguidores, y deja algunas perlas de
Narra bien, cuenta una historia más o menos cercana, pero el guión es lamentable y un indigesto final en plan folletín al modo de Guillermo Sautier Casaseca, con hijos y padres postizos y sobrevenidos, no termina precisamente de mejorarlo.
Dos horas de imágenes preciosas sin contenido alguno. Sin trama, sin guión, sin palabras. Una auténtica relajación para mis músculos con resultados básicamente soporíferos.
Para concluir, un consejo: disfrutad de esta cinta con una abierta predisposición a ignorar su truco, porque seguro que os sorprenderéis.
El Truco Final (El Prestigio) es, en líneas generales, una más que aceptable película de intriga, que a pesar de su excesiva duración no aburrirá a nadie, aunque será recordada como un trabajo menor de Christopher Nolan.
Película de animación enfocada a un público menudo. Acción y humor en una grabación original y sorprendente, que nos muestra que el cine de animación puede hacer superproducciones igual de efectivas que las de seres de carne y hueso. Y seguro que más
Mujeres en el Parque es una buena película, que disecciona a unos personajes para mostrarlos tal y como son al público. Sin embargo, se queda a medio camino de la excelente película que podría haber sido, lo cual siempre es una verdadera lástima.
Personalmente me gustó. En buena parte, imagino, porque procuro ir al cine libre de prejuicios, me sumerjo en la película y disfruto de la historia sin intentar anticiparme a la misma, sin buscarle cinco pies al gato.
¡Qué le corten la cabeza! -pensaba yo ayer mientras salía del cine tras ver la última obra de Sofia Coppola- y no me refería precisamente a la ya decapitada María Antonieta sino a la autora de tal disparate.
Película de animación de agradable visionado pero que no pasará a la historia ni se quedará demasiado tiempo en nuestra memoria.
Una entretenida comedia romántica con la que pasar un buen rato sin complicaciones ni exigencias pero totalmente respetuosa con la inteligencia del espectador.
Puede que el apartado de interpretaciones sea más anodino que el deseable, o que su ritmo y brillantez sea irregular, sobre todo en su tramo final, pero Eastwood sigue muy en forma.
Un tratado sobre obsesiones que mueven e incluso pueden poner en peligro vidas, pero también una estupenda incursión en el mundo de la magia y los mecanismos, psicológicos y físicos, que maneja.
Al final quien sabe sea demasiado truco y sin la suficiente reverencia por la magia. Pero se balancea la experiencia y no deja de ser un espectáculo recomendable.
Ñoña, inconexa y aburrida, pero merece la pena ver en acción a la Cándida.