Cuarón ha logrado un equilibrio entre mensaje y espectáculo, tan raro en estos días que resulta hipnotizante. Si esta película la hubiera filmado un maestro consagrado, a estas alturas muchos ya hablarían de clásico.
La película de Guillermo del Toro es un prodigio absoluto, un encantamiento de ciento doce minutos, una subida al cielo de los cuentos de las hadas y una bajada al infierno del alma humana.
Cine de acción, bien planificado, y bien rodado que aunque pretende acompañar a una serie, ya de culto para aquellos que rondamos la treintena, poco, por no decir nada, tiene que ver con la original.
Un insulto al espectador, un despropósito argumental y rodada por un par de tipos que, al no tener ni idea de cómo se rueda una escena de acción, deciden rodarla desde 20 ángulos diferentes.
Visualmente muy bien trabajada, con una gran labor de dirección, pero un guión que nunca se centra ni consigue engancharnos.
Decepciona por dos causas: por la película en sí ( mala, sin ambages ) y por el cúmulo de buenas sensaciones y golosas expectativas que ha ido creando entre el público.
La película consigue que uno salga del cine meditabundo, pensando en que tal vez, al igual que Julio Verne en sus libros, lo que Cuaron nos cuenta no sea tan fábula como verdad
A De Palma el guión se le queda grande y finalmente decide abarcarlo todo para no atrapar nada.
Una película fría y vacía, cuya alma aflora de vez en cuando y donde la forma prevalece sobre un contenido disperso y desangelado. Sin duda “La dalia negra”, versión De Palma, desconcertará tanto a sus (muchos) detractores como (pocos) defensores.
Hay veces que una novela puede ser muy interesante, pero llevada a pantalla no tiene el mismo efecto. Un producto de calidad del que se esperaba mucho más.
Otro mierdón más al que pone “”Jeta”” Santiago Segura, y del que uno se olvida casi a la velocidad que se visiona.
Una película tremenda, bien rodada, construida sobre un guión sólido, sin brechas. Todo en ella sorprende y deja muy buen sabor de boca.
No hay aspectos que destacar, salvo la dirección artística, que recrea una especie de civilización Amish, y las localizaciones, ya que el resto de la película, siendo muy exigente, bien podría quemarse en la hoguera.
Todo discurre por territorios trillados, aunque hay que reconocer una factura espléndida y un argumento bastante entero, que falla en la complicidad del espectador cuando éste vive fuera de los USA.
Convierte a un anodino empleado en una bomba de relojería ambulante, llevándolo a través de situaciones a caballo entre el humor Tarantiniano y el humor amarillo de Cuatro.
Ese enfoque medio en serio que intentan darle al final y que coge al espectador totalmente desconcertado, es lo mas acertado que podían haber hecho con ella, ya que iba perdiendo fuelle alarmantemente.
Homenaje a quienes perdieron su vida aquel día en el tercer vuelo suicida y demostración de cómo el caos de aquellas desquiciantes horas redujeron a inútiles todas las medidas militares autodefensivas.
Siempre me he negado a aceptar la ecuación, universalmente aceptada, según la cual el buen cine es igual a la suma de los recitales de los protagonistas
Lección de nervio, ritmo, planificación y dirección de actores de Scorsese, al que se le nota de nuevo como en casa retratando la violencia de los suburbios americanos.
Espero que se conformen con el buen resultado de taquilla, porque a nivel cinematográfico, la producción española más esperada del año se ha quedado en una especie de trailer de dos horas y media.