Cuarón da una lección de cómo hacer una película, de cómo rodar secuencias, de cómo reflejar muchísimas cosas, sin dejar a un lado la trama. No cabe otra que aplaudir… esto es cine del bueno.
Acción desde que nace hasta que muere. Bien desarrollada y bien finiquitada, sólo apta para amantes de las películas de acción y humor negro y grumoso.
Estupenda película con la que reír disfrutando de la comedia ligera latinoamericana, que vuelve a demostrar que la falta de recursos se suele convertir en un acicate que agudiza el ingenio.
Sincera, amena y muy bien rodada que recuerda al Allen de sus primeras incursiones cinematográficas.
Otra de esas adaptaciones de películas de los años setenta que resulta ser peor que la original, con más medios pero con menos ideas.
Son más numerosos los aciertos que los defectos… La reflexión personal supera su lento ritmo
La actuación y dirección de Tommy Lee Jones (hablando español con acento mexicano…) y el guión de Guillermo Arriaga se convierten en labores dignas de mención y observación.
Empiezo a no digerir correctamente la carga de moralina implícita que llevan este tipo de producciones. Para saber lo necios que somos y el origen de todos los males de este planeta no tengo que ir al cine.
Un laberinto con dos salidas, en el que en lo personal, ninguna de las dos me dejó satisfecho… ninguna de las dos, es totalmente bonita o esperanzadora.
Tramposa e irritante pero entretenida y turbia a la vez. Lo que pudo haber sido y no fue.
Parte ante todo de ser un entretenimiento que no engaña a nadie por si mismo, que te mantiene pegado al asiento durante algo más de noventa minutos y que, dentro de sus licitaciones, ofrece un correcto espectáculo.
Guión bastante mal rematado, que abre caminos que no cierra, presenta personajes que no aportan nada y que deja en la más absoluta indefinición a otros.
La crónica de “Hijos de los hombres” no sólo es un parte de guerra. Es también un reflejo de lo que nos atemoriza hoy mismo.
Comedia más de usar y tirar, de esas que los maridos consorte aguantamos en el cine, y las mujeres se alegran al contemplar lo que ocurre en pantalla.
Es quizá la película de amor del año, pero no hay abrazos sudados, ni miradas perdidas en el follaje de la compenetración pasional: hay emociones, renuncias, riesgos, entregas, vicios y concesiones.
De Palma ha caído en lo mismo que haría un novato: cuidar en demasía el envoltorio y descuidar de forma soberana lo de dentro.
Puede faltarle una opinión firme sobre la industria tabaquera que critica, pero cualquier espectador, puede entender las complejidades a las que el director se ha enfrentado.
Un filme excelente, dramático pero divertido, humano, rodado y escrito con inteligencia, demostrando, una vez más, que el cine no requiere de grandes presupuestos ni de aparatosas historias para llegar a la gente.
Queda claro que no soy objetivo con Guillermo del Toro, pero aún así, creo que estoy en disposición de decir que El laberinto del fauno es su mejor obra hasta el momento.
Película muy buena, de un director en fulgurante ascenso a la gloria, que posiblemente estará entre las mejores de este año, pero que le ha faltado un hervor para ser una obra maestra.