Luces al atardecer
¿Han conocido alguna vez a alguien que ponga la otra mejilla reciba una bofetada? Se lo pregunto porque si la respuesta es sí, es probable que el conocido sea el protagonista de “Luces al atardecer”.
¿Han conocido alguna vez a alguien que ponga la otra mejilla reciba una bofetada? Se lo pregunto porque si la respuesta es sí, es probable que el conocido sea el protagonista de “Luces al atardecer”.
La tristísima soledad de la reina queda en craso experimento de excéntrico resultado. Las peripecias del argumento, en suma, tampoco convencen: se pierden en la costura de los trajes, en el brillo de las lámparas.
La película de Díaz Yanes no convence porque en ningún momento llega a encontrarse a sí misma, narra historias y narra la historia de un villano-héroe, pero le falla la idea fundamental que defina claramente todo el desarrollo y el sentido humano de
Esperaba encontrarme con algo absolutamente transgresor. Creo que la difusión mediática del film no es acorde con lo que luego se muestra.
El ‘potro italiano VI’, se erige en uno de los productos más ‘trash’ de la cartelera. Pura serie Z que puede llegar a suscitar sus simpatías.
La verdad es que me encantan las películas sobre las relaciones íntimas entre las personas pero si uno no va a ser capaz de hacer un buen trabajo es mejor recurrir a otros grandes clásicos.
La cuestión puede ser: ¿te esperabas o no te esperabas un final como éste? Si te lo esperabas es que eres un tío muy listo. Y no digamos ya si te lo esperabas desde el principio: un genio.
Mujeres en el parque me pareció aburrida, descuidada y, lo que es peor, parece hecha solamente para su director y su guionista.
Podéis esperar pasar el rato con ella, pero que desde luego yo, de haberlo sabido antes, no habría ido a verla al cine ni de broma.
Y ahora llega la pregunta obligada: ¿y si alguien me dice que no ha leído el libro ni tiene ganas de hacerlo?, pues en ese caso la película te va a encantar, porque como la base del guión es buena, para aquel que no sepa todo aquello que falta, le va
¡Qué le corten la cabeza! -pensaba yo ayer mientras salía del cine tras ver la última obra de Sofia Coppola- y no me refería precisamente a la ya decapitada María Antonieta sino a la autora de tal disparate.
Ñoña, inconexa y aburrida, pero merece la pena ver en acción a la Cándida.
Homenajear a una persona que ha vivido cosas que nadie debería vivir no es garantía de un buen producto. Las películas hay que trabajarlas mucho más, hilar un argumento de película, no de documental, hacer que los personajes parezcan reales (que aunq
La película no vale gran cosa, pero al menos no avergüenza, como el póker de despropósitos que Stallone puso en marcha tras el arrollador éxito de la original.
Su mayor drama fue que, en un principio, no conseguía tener hijos; el rey tenía problemas en la cama. Según he leído, frenillo, según la película, una incomprensible torpeza.
Lejos de narrativa “”Banderas de nuestras padres”” es una reflexión pura y dura, y, si lo quieren con un término coloquial, un ladrillo.
Que nadie se crea que hay genialidad cinematográfica detrás del apabullante aparato de imágenes y ruidos. Estamos, una vez más, ante un filme engañoso, uséase, películas que parecen muy buenas películas pero que no son más que correctas mediocridades
Aburrimiento. Esa es la palabra que define el primer tropezón serio del maestro Clint cuando termino de ver Banderas de nuestros padres.
Un Bogart de terror, la película fue gestada en una época que Warner era, si se nos permite la expresión, una “”máquina de hacer chorizos””.
Sólo imágenes autocomplacientes y huecas, ideas sin aprovechar y miradas al ombligo. Más que “embelesados”, Iñárritu y Arriaga nos dejan “embabelados”.